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Miguel Grau. Médico del Ejército y aventurero

Escrito por humanidadesymedicina 30-01-2015 en Miguel. Comentarios (0)

Miguel Grau. Médico del Ejército y aventurero

No sabemos donde se formó como médico pues las primeras noticias que tenemos de él, datan de 1809, cuando, el 9 de abril de este año; Miguel Grau Fenesich es nombrado médico de número de los Reales Ejércitos de Extremadura, en plena Guerra de la Independencia, siendo destinado a los hospitales de la Sierra de Aracena, en Huelva. En esta región libró duras batallas frente a los franceses, el Regimiento de Candás y Luanco. Dicho regimiento había sido creado en Oviedo, en 1810, y se le entregó el mando al coronel Juan González Cienfuegos, Conde de Peñalba. En este mismo año; combatió en Zalamea la Real y Aracena. Con anterioridad; Miguel Grau había realizado sus funciones y probablemente había colaborado en la organización de la hospitalización en la zona, para pasar después por los hospitales de Medellín, Don Benito, Salamanca, Badajoz y Llerena. El 28 de marzo de 1809; en Medellín, Don Benito, Mengabril, y en otros lugares, se había librado duros combates entre las tropas españolas, al mando del general Gregorio García de la Cuesta, y el cuerpo de ejército francés, al mando del mariscal Claude Víctor. Se habla de unas 10.000 perdidas españolas. No cabe duda que los improvisados y numerosos hospitales de campaña; se encuentran abarrotados. En Llerena, en 1810, debido a la batalla cercana de Cantalgallo, el 10 de agosto; la ciudad queda bastante dañada, el número de heridos y enfermos debió ser considerable. Como el ejército francés instaló un hospital de sangre en el castillo de la vecina localidad de Villagarcia de la Torre, los españoles tuvieron que habilitar sus centros hospitalarios, alrededor de Llerena. No conocemos datos exactos sobre la actuación de nuestro médico en estos centros. Solo sabemos que por orden del protomédico Simón Artaso; se encargó en el hospital de Badajoz, de los enfermos ingresados en la sala de San José de dicho hospital. Hemos de tener en cuenta que el médico de número Grau pertenecía al cuerpo de medicina, distinto al de cirugía. En contra de los cirujanos; cuya mayoría podrían proceder del Colegio de Cirugía del Ejército de Barcelona, creado en 1760, aunque otros se habían formado en colegios civiles, como el de San Carlos en Madrid, Burgos o Santiago, los médicos que ingresaban en el Ejército se habían formado en distintas universidades de España y habían practicado en diversos hospitales. En las guerras no solo se producían heridas y traumatismos sino la aparición de múltiples enfermedades debido a multitud de circunstancias adversas; sobre todo el hacinamiento, las malas condiciones higiénicas, climáticas y ambientales, el esfuerzo físico o la mala nutrición. Las enfermedades eran muy diversas; como tifus, disentería, trastornos digestivos de todo tipo, infecciones respiratorias mortales, sarna, ulceras en las piernas, enfermedades venéreas, etc. A ello había que sumarle los accidentes producidos por los golpes de calor o congelación; dependiente de la zona y de la estación del año. Labor sanitaria importante de los médicos era la lucha frente a la contaminación de las aguas y la preocupación de que no hubiera alimentos contaminados. Una vez que los hospitales extremeños precisan ser evacuados, debido al avance del ejército francés, Miguel Grau solicita permiso al Marqués de la Romana, el cual está al frente del ejército de operaciones de la izquierda, para desplazarse junto a su familia, a Cádiz y a la Real Isla de León. Se le concede dicho permiso el 6 de mayo de 1810. Pronto es destinado en la Isla de León al nuevo Hospital de San Carlos. En este centro permanecerá Miguel Grau, ejerciendo su profesión junto a médicos y cirujanos del Ejército, de la Armada, y civiles, así como facultativos franceses prisioneros, de su Armada y probablemente de su Ejército, derrotado en Bailén, lo cual no impide realizar la labor facultativa, e incluso estar en nómina. Llega mayo de 1811, y el inquieto médico Grau, solicita de nuevo permiso al Consejo de Regencia para trasladarse al Ejército de Cataluña. Se le concede dicho permiso el 9 de mayo de 1811, dejando los enfermos a su cargo; al médico consultor interino del Ejército; Juan Antonio Villarino. Parte de Cádiz, junto a su familia, en una fragata, la cual durante su travesía está a punto de naufragar, logrando refugiarse en el puerto de Almería. A continuación, siempre acompañado de la familia, emprende un angustioso camino por tierra. Llega a sus oídos que Tarragona se ha perdido. Todas las carreteras están interceptadas por el enemigo y no olvidemos que Miguel Grau es un oficial médico del Ejército español. Si se deshace de los documentos, es mal asunto, pero si los conserva; es acusada su identidad. Opta por refugiarse en los pueblecitos de la sierra del Segura. Al parecer va cambiando de lugar, con frecuencia, hasta encontrarse en Lorca, actualmente en la región de Murcia. Lorca, con su célebre castillo medieval, había tenido una importancia grande en la Guerra de la Independencia. Pero ya no había franceses y nuestro médico, junto a su familia, se queda a vivir en este lugar durante algún tiempo, probablemente, ejerciendo su profesión. Terminada la guerra, alega su situación de refugiado y se le concede el retiro del Ejército. No sabemos si esta familia se quedó a vivir definitivamente en Lorca o emigró a otro lugar.

BIBLIOGRAFÍA

AZCÁRATE LUXÁN, I. “La Sanidad Militar en la Guerra de la Independencia”. La Guerra de la Independencia (1808-1814), pp.189-209. Ministerio de Defesa. Diciembre, 2007

ROCA NÚÑEZ, J. B. “El Hospital Militar de San Carlos durante el asedio francés a la Villa de León en el contexto de la Guerra de la Independencia española”. Bicentenario del Hospital de San Carlos. San Fernando (Cádiz). 1809-2009, pp. 273-284. Ministerio de Defensa, 2009

 ROCA NÚÑEZ, J.B. “Médicos y cirujanos militares durante el asedio francés a la Isla de León”. Salud y enfermedad en los tiempos de las Cortes de Cádiz. BLANCO VILLERO, J. M. GARCÍA-CUBILLANA DE LA CRUZ, J. M. (Eds.), pp. 247-265. UCA. Sílex. Madrid, 2013

ARCHIVO GENERAL MILITAR DE SEGOVIA. Sección 1ª. Legajo G-3918

“Batalla de Medellín”. www.medellinhistoria.com

“Campaña y Batalla de Medellín”, 1809. DIALNET, dialnet.unirioja.es

 WIKIPEDIA. www.wikipedia.org


José Ignacio Cerdá. Cirujano de la Armada

Escrito por humanidadesymedicina 23-01-2015 en José. Comentarios (0)

José Ignacio Cerdá. Cirujano de la Armada

Natural de Tarragona; había estudiado en  la Universidad catalana de Cervera  un curso de tres años de duración, durante 1757, 58 y 59; sobre  cirugía de vísceras, tumores  y heridas. En el Hospital Militar del Ejército, en Barcelona, había hecho prácticas de vendajes, con el célebre cirujano  Antonio  Gimbernat, durante 1760 y 61, así como prácticas de cirugía en el Hospital del Ejército en Tarragona, con el también conocido Salvador Corvella, en 1762 y 63. En este último año ingresa en el Real Colegio de Cirugía de la Armada, en la ciudad de Cádiz. En 1769 sale de este Colegio, habilitado de segundo cirujano y cuando se produce una vacante en el escalafón; obtiene el nombramiento de segundo cirujano de la Armada. A su salida del Colegio de Cirugía como segundo cirujano provisional; embarca en la fragata Holandesa, fletada para llevar a los jesuitas a Génova, regresando en un paquebote, en 1770. Obtiene el nombramiento de segundo cirujano, en propiedad, y embarca en el navío Vencedor, y al final de este año pasa al Departamento Marítimo de Cartagena de Levante. En 1771 embarca en el galeón San José, en operación de corzo. Al final de este año y durante el siguiente de 1772; embarca en el navío  San Joaquín que va a llevar el equipaje del Duque de Arcos a Nápoles. Al final de 1772 pasa a la goleta San Antonio para realizar operaciones de corzo. En 1773 trasborda a la fragata Garzota, la cual realiza operaciones entre el Cabo San Vicente y Estrecho de Gibraltar. En 1774 trasborda al jabeque San Luis, en el que realiza una operación de protección de la plaza de Melilla. En 1775 pasa a la galeota Concepción, la cual llevará tropas con el objeto de hacer un desembarco en una playa de Argel. En 1776 es ascendido a primer cirujano, embarcando en el navío Sexio, en una expedición a Buenos Aires de la escuadra del Marqués de Casa Tilly: Francisco Javier Everardo. En 1779 está en Cádiz, embarcando para operaciones de corzo entre el Cabo San Vicente y Estrecho de Gibraltar, a las órdenes de Juan de Lángara, hasta el día del combate con la escuadra inglesa. En 1780 trasborda al navío San Rafael, de la escuadra de Luis de Córdoba. Al final de este año trasborda al navío Purísima Concepción, de la escuadra del Estrecho. En 1781 pasa a la fragata Santa Clotilde, en una expedición al mando de Francisco de Oreja. En 1782 llega con la expedición a Vera Cruz y regresa a la Habana¸ donde pasa a su hospital, trasbordando más tarde a la fragata Cecilia, de la escuadra de José Solano, para regresar a Cádiz. En 1783 es destinado a los Batallones de Infantería de Marina, en la Isla de León-actual San Fernando-, siendo más tarde comisionado como profesor ayudante de anatomía del Colegio de Cirugía de Cádiz, trabajando con piezas anatómicas fabricadas con cera. En 1800 intervino en la epidemia de fiebre amarilla que asoló Cádiz y la Isla de León, así como diversos puntos de la geografía española. En el año 1809, cuando se abre el Hospital de San Carlos, en plena Guerra de la Independencia; José Ignacio Cerdá es comisionado a este Hospital. Poco más sabemos de este cirujano de la Armada. En 1816 le fue denegado el nombramiento de Cirujano de Cámara que había solicitado con anterioridad.

BIBLIOGRAFÍA

ROCA NÚÑEZ, J.B. “Médicos y cirujanos militares durante el asedio francés a la Isla de León”. Salud y enfermedad en los tiempos de las Cortes de Cádiz. BLANCO VILLERO, J. M. GARCÍA-CUBILLANA DE LA CRUZ. (eds.) UCA. Sílex. Madrid, 2013

ARCHIVO GENERAL DE MARINA DON ALVARO DE BAZÁN. Legº 2898/35


La campana del antiguo Hospital de San Carlos

Escrito por humanidadesymedicina 18-01-2015 en campana. Comentarios (0)

La campana del Hospital de San Carlos

Aquí se viene a mejorar, se salga como se salga. Si vivo; con mejor cuerpo. Si  muerto; con mejor alma

Juan José García Sánchez al Hospital Naval de San Carlos

Desde tiempo inmemorial era una costumbre generalizada que en los buques de guerra de todas las naciones se utilizara una campana para picar la hora, señalando los cuartos de guardia; dicha campana llevaba inscrito el nombre del barco y la fecha de su botadura. Durante alguna época sirvió también de alarma, avisando de situaciones complicadas como casos de aparecer niebla cerrada o haberse declarado a bordo determinada emergencia. También se utilizó en las ceremonias cotidianas. Es posible, fuera ello el motivo de la utilización en los hospitales de marina de una campana para anunciar ciertas actividades de mayor o menor urgencia, como es el caso de la campana que perteneció al Hospital de San Juan de Letrán, en El Puerto de Santa María. Ya en tiempo de los “baxeles”, el cirujano embarcado pasaba visita de enfermería a toque de almirez, cuyo instrumento se utilizaba como campana. En los hospitales; una campanilla anunciaba que el protomédico o el cirujano iban a comenzar la visita a los enfermos y debía de acudir el personal subalterno.

La campana del viejo Hospital de San Carlos tiene una inscripción, donde se lee: “I H S” “MARÍA” “Y” “JOSEF” “FERROL” “CARLOS IV” “AÑO DE 1796”.₅₁

IHS es el nombre de Jesús, derivado del griego, cuyo monograma se hizo muy popular bajo la influencia de San Bernardo de Claraval, siendo adoptado posteriormente por San Ignacio de Loyola. En una de sus caras puede observarse una cruz latina sobre pedestal triangular. Los brazos de la cruz están ensanchados en sus extremos y terminados en dos puntas. En las Iglesias, ha sido costumbre de emplear una inscripción en sus campanas, muchas veces dedicadas a un santo determinado. Aquí nos encontramos con una inscripción que recuerda a la Sagrada Familia. Sabemos que el edificio que albergó a este hospital estuvo destinado a convento de franciscanos, a pesar que nunca fue ocupado por dicha orden, comenzaron las obras en 1786 y terminaron en 1798. Por lo tanto; es posible que la campana de la que nos ocupamos fuera destinada a la Iglesia. Trasladada desde el patio principal del hospital al patio externo, prestó servicios durante mucho tiempo, con sus tañidos regidos por un código. Así; un toque solicitaba la presencia del médico de guardia, dos toques la del practicante, y tres la de los camilleros.

BIBLIOGRAFÍA

GARCÍA-CUBILLANA DE LA CRUZ, J. M.  El antiguo hospital de San Carlos (1809-1981) y la ciudad de San Fernando. Publicaciones del Sur Editores, 2007.

ARCHIVO Y BIBLIOTECA DEL HOSPITAL BÁSICO DE LA DEFENSA SAN CARLOS. San Fernando (Cádiz)

WWW.WIKIPEDIA.ORG


Hospitales de la Edad Media

Escrito por humanidadesymedicina 09-01-2015 en hospitales. Comentarios (0)

Hospitales de la Edad Media

Aunque el origen de los hospitales se remonta a tiempos antiquísimos, es en la Edad Media cuando surge el problema de que los enfermos, heridos, lisiados, peregrinos, desvalidos, pobres, viudas, huérfanos, y en alguna otra circunstancia; necesitan ser atendidos en un centro, el cual proporcionará seguridad a sus vidas, tanto en lo material como en lo espiritual. Distinguiremos distintos sitios de asistencia hospitalaria:

Hospicio

Atención de los pobres y huérfanos. También en muchos de ellos se atendieron a los enfermos de la región.

Albergues

Atención de peregrinos y caminantes. Situado en los caminos. También en los monasterios.

Leproserías

Internado de los enfermos de lepra. Abundaron en los siglos XI y XIII.

Hospitales

Poseían mejor instalación que los hospicios pero mejor cuidados, de dimensiones más grandes y aislados. Podían tener forma de cruz griega o latina y en la encrucijada se celebraban los actos religiosos. Las medicinas que se administraban eran de origen vegetal, siendo las más utilizadas las tisanas, ungüentos y emplastes. Adosado al edificio había un huerto de cuyas plantas se extraían los medicamentos. En cuanto a las maniobras médicas-quirúrgicas; se empleaban los torniquetes y enemas, y más tarde las sangrías. El cuidado que se proporcionaba en estos hospitales lo podemos resumir de la siguiente manera:

Reposo en cama. Calor. Alimentación. Cuidado al moribundo. Inhumación de los fallecidos.

Los enfermos graves eran trasladados a un área especial, la cual quedaba vigilada por un enfermero. Allí se procedía a la administración de los Sacramentos.

En cuanto a la clase de enfermeros nos encontramos: Con el enfermero mayor y los enfermeros y enfermeras menores. El enfermero se ocupaba de recibir al enfermo cuando este llegaba a la sala, estaba presente cuando el médico pasaba visita y le informaba de su evolución. Después aplicaba la medicación prescrita. También era de su obligación: la higiene, alimentación, evacuación, deambulación, y cuidados generales del hospitalizado. También se ocuparían del lavado de ropa y utensilios. El enfermero mayor debía proveer el material necesario para uso hospitalario, así como planificar los turnos de enfermería, siendo responsable del trabajo y conducta de los enfermeros a su cargo, así como de la limpieza e higiene del centro. También estaría presente durante la visita del médico.

Enfermerías

Abundaban en los conventos. Mantenían la misma disposición que los hospitales pero eran más pequeñas y estaban más aisladas. Había una gran consideración a los enfermos ingresados, sobre todo a aquellos que reflejaban los estigmas de la pobreza y de la miseria.

En Francia, desde edad antiquísima, aparecen estos hospitales, de los que podemos comentar algunos de ellos:

Designados con el nombre de Hôtel Dieu o casa de Dios comienzan a extenderse por todo el territorio. El Hôtel Dieu de Lyon fue fundado por el Arzobispo de esta ciudad: Sacerdos, en el año 542. Su finalidad fue de albergar peregrinos, huérfanos, pobres, débiles y enfermos. Era atendido por mujeres laicas, como penitentes de una vida anterior entregada al pecado, y viudas. Después comenzaron a trabajar en el centro; hombres, en calidad de sirvientes,y hermanos.

El Hôtel Dieu de Paris fue fundado en el año 650 por el obispo Landerico y constituyó una puerta abierta para aquel que sufría. El Papa Inocencio IV aprobó una congregación de mujeres laicas llamadas hermanas agustinas, por seguir la regla de San Agustín. Hubo pabellones generales atendidos por hermanos y salas de mujeres atendidas por hermanas. Los agustinos se encargarían de la admisión y del alta hospitalaria, así como de la cocina y de la lavandería cuyas coladas eran hechas a orillas del Sena. También del entierro de los difuntos y de los actos religiosos en general.

En otros puntos del mundo también aparecen centros hospitalarios y de acogida con características muy similares, como es el caso del Hospital del Santo Spirito de Roma. Fundado en 717 quizás fuera el más grande de los hospitales medievales. Llegó a tener una nave principal con casi 1000 camas. Hubo pabellones para hombres, mujeres y convalecientes.

Conforme avanza el tiempo se va perfeccionado este modelo hospitalario, así como van tomando mayor protagonismo los médicos, cirujanos y sangradores, pues al principio estos apenas aparecían y la responsabilidad del enfermo era de la enfermería, llevada a cabo en la mayoría de los casos por monjes quienes poseían el conocimiento de las propiedades medicinales de las plantas cultivadas en los huertos de sus monasterios.

En el año 1260, San Luis, Rey de Francia, crea el Hospital de Compiègne, llevando al primer enfermo, mientras que su hermano, Carlos de Anjou, lleva los demás. Se implantó la costumbre de legar la cama al Hospital. El hospital era espacioso con dos salas; una para hombres y la otra para mujeres. Cada sala tenía una o varias naves separadas por columnas. En un extremo; una capilla para que los enfermos, acostados, pudieran presenciar la celebración de la Misa. Se implantó la costumbre de colocar a más de un enfermo en la misma cama, incluso si esta era lo suficientemente amplia podía albergar hasta cinco enfermos. Los hospitalizados se cubrían la cabeza con un gorro. A cada enfermo se le daba: una taza para el vino, vaso, escudilla y cuchara de madera. El personal del hospital estaba constituido por algunos religiosos y religiosas, sacerdotes, y criados. Aparecieron como postulantes; chicos entre 7 a 8 años y chicas entre 12 a 20 años, quienes después de una prolongada estancia podían ser admitidos en la comunidad. Cada mañana las hermanas aseaban a los enfermos mientras que los criados se ocupaban de la limpieza. La jornada era de dos servicios: de seis de la mañana a siete de la tarde, y la jornada de guardia donde veladores y veladoras hacían rondas. Todo este trabajo sería controlado por el Prior.

En España, como hemos de suponer, por sus características de luchas constantes y su peregrinación a la tumba del Apóstol Santiago; aparecen numerosos centros hospitalarios distribuidos por toda la superficie hispánica. Después del Hospital fundado en el 589 por el obispo de Mosova, uno de los primeros hospitales del que tenemos constancia en nuestro país, a finales del siglo XII, es el Hospital de Guadalferga, instalado en el castillo de las Guadalerzas, a dos leguas de Yéberes, en la provincia de Toledo. El recinto amurallado estaba en el N-E de los Montes de Toledo, en un pequeño cerro, frontera entre cristianos y musulmanes, y a donde llegaban con gran frecuencia heridos de los enfrentamientos constantes. La institución hospitalaria, fundada por la Orden de Calatrava, exigía a sus moradores disciplina espiritual y militar con el objeto de mantener vivo el espíritu religioso y guerrero además de proporcionar cobijo, comida y cuidados. La sala hospitalaria estaba constituida por un espacio rectangular con enormes ventanales en sus costados. Un altar orientado a los lechos para oír Misa y llevar a cabo los actos religiosos.

El resto de nuestro país está  lleno de hospitales, en esta época medieval. En Cataluña, en el año 1401, se produce la reunión de seis pequeños centros hospitalarios, y con la Bula del Papa Benedicto XIII se crea el Hospital de Santa Creus, de grandes dimensiones, con cuatro alas rectangulares y dos plantas. Todo alrededor de un patio. Martin I “El humano”, rey de Aragón, Valencia, Mallorca, Córcega y Cerdeña, y Conde de Barcelona; colocó la primera piedra, aunque las obras no terminaron en su totalidad hasta 1450. En la administración hubo dos miembros de la Iglesia y dos ciudadanos dignos y escogidos. La mantención del centro era a expensas de limosnas, donativos y legados. Se nombró a un religioso y a un laico para el control de las rentas. Más tarde, el centro adquirió el privilegio de heredar los bienes de aquellas personas que morían sin dejar testamento o que no tenían descendencia legítima. Felipe II otorgó el privilegio de ingresar en el fondo del Hospital las ganancias de representaciones teatrales. Este gran centro, aparte de proporcionar asistencia médica, contribuyó a lo largo del tiempo a la evolución de la medicina.

En Andalucía tenemos como referencia el Hospital de San Lázaro de Sevilla. La fundación tuvo lugar a mediados del siglo XIII. El terreno escogido fue el de la Huerta Grande y Huerta Chica de Sam Lázaro, en las proximidades del Guadalquivir. Junto a una torre llamada de los Gausines. Estuvo destinado a la atención de leprosos y en sus comienzos estaría constituido por el conjunto de un número indeterminado de casas por enfermo, las cuales deberían ser construidas o arregladas por sus moradores. Al conjunto se le denominó: Casa de San Lázaro. Más tarde fue construida una Iglesia de estilo mudéjar.

Mención especial merecen los hospitales del Camino de Santiago con gran influencia en ellos de los monjes benedictinos del  Leyre e Irache, en Navarra, Carrión de los Condes en Palencia y Sahagún en León. Después aparece el Cister con los llamados “monjes blancos”, los cuales se harán cargo de centros nuevos. Surge: Valdefuentes en Burgos. También habían aparecido; San Agustín en Roncesvalles y Santa Catalina en Somport. Fueron importantes los hospitales de San Marcos en León, San Juan de Ortega en Burgos, Santo Domingo de la Calzada en Rioja, y otros muchos más. Todos precisan un capítulo aparte.

BIBLIOGRAFÍA

GÓMEZ. R. El Hospital de San Lázaro en Sevilla.institucional.us.es/revistas/arte

MASOLIVER, J.R. GARCÍA, M. El diario de la Medicina. Luis de Caralt, 1963. Impreso en España

“Enfermería avanza. Hospitales, sus orígenes”.enfeps.bogspot.com

“Toledo, tierras y pueblos”.www.losyebenes.es. “Guadalerzas, un hospital medieval”.

www.artehistoria.com. “Hospitales de la ruta jacobea”.

www. Binasss.sa.cr/revistas/enfermería. “Los Hospitales Medievales”

www. santpaubarcelona.org. “El hospital medieval. Sant Pau. Recinte Modernista”.

www.wikipedia.org