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Naufragio

Nuestro vecino. El navío francés Fougueux

Escrito por humanidadesymedicina 26-02-2015 en Naufragio. Comentarios (0)



A mis nietas y nieto: Inmaculada, María y Rafael


Prólogo

La playa de Camposoto, una de las  pocas playas vírgenes que quedan, en el término municipal de San Fernando, en la provincia de Cádiz; va a extenderse desde la llamada Punta del Boquerón hasta Torregorda, ya perteneciente a Cádiz. Formando parte del Parque Natural de la Bahía gaditana queda a 5 Kms. del núcleo urbano. Si desde Torregorda caminamos hacia la Punta del Boquerón, a nuestra derecha tenemos el Atlántico y a nuestra izquierda dunas y marismas. Seguimos caminando y nos tropezamos con algunos búnkeres de los años en que en Europa se libraba la segunda Guerra Mundial. Por fin llegamos al Caño de Sancti Petri; entre las dunas se esconden los restos de algunas baterías para la defensa, construidas durante la Guerra de la Independencia, y frente a su desembocadura un castillo. Esta fortificación fue levantada sobre un antiguo templo dedicado al dios Hércules y se conoce como templo de Hércules- Melkar. La torre atalaya es del siglo XVI y sus murallas del siglo XVIII. Rodeándolo, un sistema rocoso que ha sido causa de numerosos naufragios en todas las épocas. Ya los almorávides conocieron esta peligrosa zona, como lo demuestra la cantidad de objetos encontrados de restos de naufragios. Se le conocía como un Mar de vientos adversos. Musa Ibn Suhais nos hace la siguiente descripción de su llegada al antiguo Templo: Nuestro barco se movía, como una mujer que balancea sus caderas al andar, agitada por un movimiento de vaivén, oscilante; y no era para nosotros un compañero agradable. Muchos años más tarde; el navío de línea de la Armada de Suecia Sverige, con 72 cañones, dos puentes y tres palos, botado en 1735 en los astilleros de Örlogsvarvet, en Estocolmo; en el mes de octubre de 1738 navega por aguas del Golfo de Cádiz, cuando es sorprendido por un fuerte temporal y naufraga frente al arrecife del Castillo de Sancti Petri. En el anochecer de aquel fatídico día 21 de octubre de 1805, nuestro Castillo observaba como un navío de línea francés de 74 cañones, luchaba frente a los vientos y mareas para mantenerse a flote, a duras penas. Su nombre era Fougueux y había luchado valerosamente contra la Armada británica. Seguramente, la fortaleza con algún fuego encendido para proporcionar luz, quiso ayudarle aunque no pudo hacerlo porque estaba escrito que el veterano navío, con gran parte de su brava tripulación, pereciera en aquel lugar de la costa gaditana. 

Introducción

El día 5 de agosto de 1804, las fragatas españolas Medea, Fama, Mercedes y Clara, procedentes de Lima y Buenos Aires; son interceptadas a la altura del Cabo San Vicente por una flota británica, produciéndose la voladura de la Mercedes. España declara la guerra a Inglaterra el 12 de diciembre de este año. Su aliada es Francia, también enemiga de Gran Bretaña. Napoleón planea invadir Inglaterra y para ello mandaría una escuadra franco- española a las Indias occidentales porque con toda probabilidad Inglaterra desplazaría a aquel lugar el grueso de su potente flota. La flota combinada regresaría de inmediato, antes que los británicos pudieran reaccionar. A continuación se les uniría una segunda flota compuesta por buques procedentes de Ferrol, Rochefort y Brest. Entonces se dirigirían al Canal de la Mancha, acompañados de fuerzas del Ejército, embarcadas en grandes buques de transporte. La flota combinada; la española al mando del Teniente General Federico Carlos Gravina y Nápoli y la francesa al mando del Vicealmirante Pierre Charles Silvestre de Villeneuve, quien ostenta el mando total, parte de Cádiz una noche del día 9 de abril de 1805. Su destino es Martinica, donde llegan el 14 de mayo. Después de algunas acciones navales y habiendo conocimientos de la llegada de la flota británica, se decide el regreso, como estaba planeado, y el día 30 de junio la flota franco-española se encuentra a la altura de las Azores. Son descubiertos por una fragata inglesa que pone en alerta a la flota británica del Vicealmirante Sir Robert Calder. Ambas flotas se encuentran a la altura del Cabo Finisterre el día 22 de julio, en el que se desarrolla un  combate muy igualado, quedando apresados los navíos españoles: Firme y San Rafael. A continuación la flota aliada precisa desembarcar enfermos y heridos, así como hacer provisiones de víveres, por lo que se distribuye entre Vigo, Ferrol y La Coruña. Napoleón continuaba con la idea de invasión de Inglaterra y por ello trazó el plan de que la flota combinada se dirigiera a Brest para unirse a otra escuadra fondeada en este puerto francés. La flota combinada se va a concentrar en la ría de Ares. Villeneuve cree, erróneamente, que la flota británica al mando del Vicealmirante Horatio Nelson, después de regresar de Martinica, se le está aproximando. Por este motivo cambia al segundo plan que es regresar a Cádiz de inmediato. El día 20 de agosto, la flota combinada fondea en la Bahía gaditana. Durante su estancia en Cádiz la flota aliada observa los movimientos de la flota británica que se encuentra en Gibraltar. Además es la ocasión para reparar averías en el Arsenal de la Carraca de la Isla de León, así como de aprovisionarse de víveres y municiones. Llega el mes de septiembre y hay que hacer nuevos planes. El comandante general de la flota, Villeneuve, recibe una carta del Ministerio de Marina de Francia, la cual contiene reproches por parte de Napoleón, recriminándole una actitud tímida por no haber podido realizar el plan establecido al comienzo. La nueva orden era aprovisionarse para seis meses y hacerse a la mar para unirse a una flota española de Cartagena, al mando del Teniente General José Justo de Salcedo y Arauco. Se dispondría de este modo del dominio del Estrecho y de las costas de Andalucía. Después, la flota aliada se dirigiría al Mediterráneo para llegar a Nápoles. Pero llegan noticias de que Nelson esta preparando un ataque a la bahía gaditana. El día 1 de octubre se convoca una junta a bordo del buque insignia español Príncipe de Asturias con el fin de estudiar la situación, y ante la incertidumbre se acuerda celebrar un consejo de generales y comandantes más antiguos a bordo del buque insignia francés Bucentaure. Dicho consejo se celebrará el día 8  y en él los jefes españoles mostraron su disconformidad respecto a la salida de la escuadra mientras que por parte de Francia había diversidad de opiniones. El ambiente llegó a ser algo tenso y al final se decidió realizar una votación. Se levantó el acta diciendo que los oficiales de ambas marinas: Han testimoniado el deseo que tendrían siempre de combatir al enemigo cualquiera que fuera su fuerza. De esta forma; después de un intento de salida el día 19, abortado por la falta de viento, se efectúa esta el día 20. El día 21 la flota aliada se encuentra con la flota británica a la altura de Cabo Trafalgar. Se produce un fuerte combate entre ambas escuadras, el cual unido a la acción posterior de los elementos de la  naturaleza, decidirán ambos; la suerte de muchos de los buques de la flota franco- española, entre ellos el navío Fougueux.

 Le Fougueux. Un navío moderno para su época

El navío francés Fougueux, fogoso, intrépido o caballo blanco, como se le denominaba; fue construido en los astilleros franceses del Arsenal de Lorient, entre los años 1783 y 1785, bajo la dirección del ingeniero Charles-Jean François Segondat y siguiendo el plan de construcción naval de Sané-Borda, aprobado en 1782. La construcción naval francesa del siglo XVIII había considerado la necesidad de que sus buques poseyeran el máximo de condiciones marineras y bélicas. Por este motivo; son más grandes y mejor artillados. Tendrán una mayor consistencia de su armazón al llevar una doble cuaderna y por otra parte el armazón será doble con aumento de grosor en los costados. Se instala un timón de ruedas en sustitución a la barra horizontal, mejorando ostensiblemente el gobierno de la nave. Se incrementan las bombas de achique. De este sistema podemos considerar su artífice a Duhamel du Monceau. De esta forma; el navío es más pesado pues tiene que soportar una artillería poderosa y transportar un número elevado de personal ya que a la dotación habitual se le sumará las fuerzas de infantería destinadas al abordaje y defensa del buque. El navío Fougueux tenía 55, 728 m de eslora. 14,416 m de manga. 7,26 m de puntal. 2485 metros cuadrados de velamen. Desplazamiento de 2966 toneladas, aunque podía tener bastante más. Podía alcanzar una velocidad de 11 nudos. Portaba 74 cañones. Tenía dos puentes y tres palos. Su misión al comienzo fue la de defender las costas atlánticas y mediterráneas de Francia. A lo largo de su vida marinera había sufrido varias reformas en distintos arsenales. En Rochefort, de 1792 a 1794. En Brest durante los años: 1797, 1800 y 1803. En Ferrol en 1805. El día 13 de febrero de este año hay un escrito de la Armada española, diciendo que el Fougueux rehabilitado sale del Arsenal de Ferrol al puerto a las 11 de la mañana. En 1791 formó parte de la flota francesa que participó en aguas de Santo Domingo en los fuertes disturbios acaecidos durante los comienzos de la sublevación haitiana que terminaría años más tarde con la abolición de la esclavitud y la proclamación de la independencia de la Republica de Haití. En 1796 participó en la expedición marítima francesa a Irlanda, al mando del capitán de navío Esprit-Tranquille Maistral. Francia durante su lucha contra las potencias europeas preparó un ejército de 15.000 hombres al mando del general Lazare Hoche, con el objeto de llevar a cabo un desembarco en la bahía irlandesa de Bantry. La fuerza naval al mando del vicealmirante Bouvet y compuesta por: 17 navíos de línea, 13 fragatas, y otras embarcaciones; se vio sorprendida por un fuerte temporal que provocó la dispersión de sus buques, y al continuar los fuertes vientos; la acción marítima no pudo llevarse a cabo y hubo que regresar a Francia. El 19 de agosto de 1805 llega el Fougueux a Cádiz, al mando del capitán de navío Baudouin, quedando fondeado en su bahía, al día siguiente. Louis Alexis Baudouin había nacido en el departamento marítimo de Saint-Jean d´Angély, el día 2 de diciembre de 1766. En 1779 ingresa en la Marina Mercante, y algunas fuentes indican que a una edad muy temprana había navegado en una fragata en la India. El 7 de junio de 1793 ingresa en la Armada francesa, con el grado de teniente provisional, embarcando en el navío Le Tourville. En 1794 es nombrado teniente efectivo, embarcando en la fragata Thétis, llegaría a ser su comandante en 1796. En 1802 asciende a capitán de fragata y en 1803 a capitán de navío. Había participado en la expedición a Santo Domingo en 1791 y una expedición sobre Irlanda en 1798. Mandó la fragata Guerrière, y posiblemente fuera esta la embarcación con la que mantuvo un duro combate contra dos buques británicos, frente a las costas españolas, logrando refugiarse en Ferrol.  Fue nombrado de inmediato por el Emperador: Capitán de Navío y Oficial de la Legión de Honor. El 1 de julio de 1805 toma el mando del navío Fougueux, uniéndose a la escuadra del vicealmirante Villeneuve el día 10 de agosto, en La Coruña. Ese mismo día la flota parte de La Coruña mientras que Gravina con los buques de la Escuadra española, junto a un contingente de navíos franceses al mando del contralmirante Dumanoir, parte de Ferrol. Ambas flotas fondean en la ría de Ares. De aquí parten hacía Cádiz, navegando en tres divisiones, quedando los navíos de ambas escuadras interpolados. El día 20 de agosto la escuadra combinada franco-española está fondeada en Cádiz y en su bahía permanecerá largo tiempo, resguardada y observando los movimientos de los buques británicos que vienen desde hacía meses efectuando un bloqueo naval. El célebre escritor Antonio Alcalá Galiano nos narra: En tanto, las escuadras seguían en sus fondeaderos, sí amenazadas, con hasta probabilidad de rechazar a un agresor temerario. Más de 30 navíos de línea, ondeando en unos la bandera tricolor, en otros la amarilla y encarnada, poblando la bahía gaditana, dilatándose su línea desde la boca del puerto, en el lugar llamado Berreadero, hasta las inmediaciones del Arsenal de la Carraca.

El Fougueux en el combate naval de Trafalgar

El día 19 de octubre había amanecido claro con un viento flojo del N-E y a las 6 horas el almirante francés Villeneuve, comandante de ambas flotas, iza en su navío insignia Bucentaure, la señal de dar vela. Pero a las 9 y 30, debido a que ha aparecido un viento flojo W.S.W, se ve obligado a mandar fondear, de nuevo. Son las 6 y 30  horas del día 20 y hay un viento S.S.E. y el almirante francés ordena, otra vez, dar vela. Federico Gravina repite la orden, una hora después. Se ven buques enemigos y se toca zafarrancho de combate. Va a aparecer un viento bastante fuerte, S.S.W. el cual provoca una dispersión de los buques. Antonio Alcalá Galiano, hijo del comandante del navío español Bahama: Dionisio Alcalá Galiano, muerto en el combate, nos narra la profunda impresión que le causa el ver desde el altillo de Santa Ana, como la flota combinada navega frente a la costa gaditana de Chiclana de la Frontera:

…vi el espectáculo bello para considerarlo en otras circunstancias, pero en aquellas dolorosísimo para mí y aún para personas menos interesadas en la suerte de aquellos marinos; el mar, poblado de numerosos buques de gran porte, navegando a toda vela, ciñendo el viento, largas las banderas y en ademán de ir a provocar al enemigo.

Son las 6 y 20 horas del día 21 de octubre. Villeneuve manda formar línea de combate y a las 8 horas manda virar en redondo por lo que la formación queda en orden inverso. Pero debido a la gran longitud de la línea, a la que se le suma la acción del viento, el cual sopla más flojo por la parte de la cabeza, siendo más fuerte sobre la cola; la vanguardia quedará apelotonada. Son las 11 y 45 horas y las líneas de combate están formadas. Mientras tanto, en la flota británica, después de que Nelson ordenara tocar zafarrancho de combate, esta presenta dos columnas: una primera división o de barlovento, encabezada por el Victory, donde tiene izada su insignia el comandante en jefe de la flota: Vicealmirante Horacio Nelson, y una segunda división o de sotavento, al mando del vicealmirante Cuthbert Collingwood, con insignia en el Royal Sovereing. La flota aliada franco-española había dispuesto colocar sus navíos de la siguiente forma: Una segunda escuadra o de vanguardia, al mando del teniente general de la Armada española: Ignacio María de Álava, con insignia en el navío Santa Ana. Una primera escuadra, o del centro, al mando del vicelamirante francés Pierre Charles Villeneuve, con insignia en el Bucentaure. Una tercera escuadra o de retaguardia, al mando del contralmirante francés Pierre-Étienne Dumanoir, con insignia en el Formidable. Finalmente: una escuadra de observación, con una primera división, al mando del teniente general de la Armada española: Federico Gravina, con insignia en el Príncipe de Asturias y una segunda división, al mando del contralmirante francés Charles René Magon, con insignia en el Algésiras. Pues bien: el Fougueux formaba parte de la segunda escuadra, junto a los navíos franceses: Plutón, Indomptable e Intrépide, y los navíos españoles: Santa Ana, Monarca y San Justo. A ellos, se les unió la fragata francesa Rhin. Cuando Villeneuve ordenó virar en redondo; la segunda escuadra había quedado de la siguiente manera: Santa Ana, Fougueux, Monarca y Plutón. Más alejados, quedaban: San Leandro, que había pertenecido a la primera escuadra, San Justo e Indomptable. Ambas flotas están preparadas para el combate. En el Bucentaure, buque insignia, el Águila Imperial fue colocada al pie del palo mayor. En todos los buques franceses se gritaba: ¡Viva el Emperador! ¡Viva el Almirante Villeneuve! ¡Viva nuestro comandante! En cada barco español; el capellán daba la Absolución general, siendo colocada la Cruz en un lugar prominente, suspendida de una botavara. Los pífanos y tambores comenzaron a sonar. Mientras tanto; en la flota británica ocurría algo parecido. Nelson había mandado su célebre mensaje: Inglaterra espera que cada hombre cumpla con su deber. Al instante comenzaron a entonar canciones patrióticas, como “Rule Britannia”, “Britons, Strike Home”, “Heart of Oak”, “The Down-fall of Paris”. En nuestro protagonista, el navío Fougueux, su comandante, el capitán de navío Baudouin; inspecciona todas las baterías y puestos de combate. Como en el resto de la flota francesa, se grita: ¡Viva nuestro comandante!

Al poco tiempo: por babor de la línea aliada y desde barlovento se aproxima la segunda división británica, encabezada por el Royal Sovereing, buque insignia del almirante Collingwood, al mando del capitán de navío Edward Rotheram. Va seguido del Belleisle y del Mars. El navío inglés, es de tres puentes, porta 100 cañones, es uno de los buques más grandes de la flota británica pero no es precisamente el más veloz. Por este motivo y por su poca elegancia marinera se le conocía como: “el carro del Oeste”. El Fougueux lanza el primer disparo del combate y sigue disparando. Después de un tiempo; el Royal Sovereing, lanza una andanada de disparos sobre el costado de babor del buque francés. Como consecuencia de ello: el Fougueux queda en posición oblicua, inclinado sobre su costado de estribor. Velas y aparejos han sido destrozados. Gran número de marineros y soldados de la cubierta superior, han sido, literalmente, barridos. No obstante; el Fougueux aún puede maniobrar y ahora va a descargar toda su artillería sobre el navío inglés, el cual sufre serios daños. El Royal Sovereing busca ahora romper la línea entre el Santa Ana y el Fougueux, que se encuentra por la popa de este. El Santa Ana aminora la marcha y el Fougueux trata de alcanzarlo, agregando velas adicionales pero solo su bauprés es capaz de cubrir la brecha. Collingwood ordena a Rotheram dirigir su navío sobre el Fougueux, con la intención de abrir una brecha en él. Pero Baudouin aminora la velocidad y el Royal Sovereing pasa entre los dos buques enemigos, descargando ahora una andanada sobre la popa del Santa Ana. También disparan sobre el navío británico, el resto de los buques que se han unido al cuerpo de Álava, o sea: San Justo, San Leandro, Monarca, Plutón y Algésiras. Pero los artilleros franceses y españoles disparan demasiado alto. Unos disparos estallan en el aire mientras que otros pasan por encima del navío británico para caer al mar o incluso alcanzar al Santa Ana. El Royal Sovereing pone todo el timón a babor y queda durante algún tiempo abarloado al Santa Ana. A pesar de ello, el navío inglés ha sufrido mucho daño. Su palo de mesana y su timón caen. También va perder el palo mayor y trinquete. Queda sin jarcia y sin la verga de velacho que está atravesada. Sin gobierno, ha tenido la oportunidad, antes de su caída, de enarbolar las banderas de señales oportunas en el palo de trinquete, solicitando ayuda, y se acercan de inmediato dos buques ingleses. El Belleisle había intentado atravesar la línea enemiga por la brecha hecha por el Sovereing, descargando toda su artillería sobre el Santa Ana y el Fougueux pero al cruzar la línea queda enlazado con el buque francés y ambos navíos se cañonean desde cerca. El Fougueux derriba el palo de mesana del Belleisle y cuando ambos buques se separan descarga su artillería sobre el siguiente buque británico: el Mars, muriendo el comandante de este, capitán de navío George Duff. El almirante Cuthbert Collingwood ha tenido que abandonar su buque insignia para trasbordar a la fragata Euryalus, pero el Fougueux después de recibir disparos del Royal Sovereing, Belleisle y Mars, sufrió una enorme andanada del Téméraire que se había desplazado desde la primera columna y acudía para prestar ayuda a los anteriores navíos británicos. Como consecuencia de ello; el Fougueux queda muy averiado pues había sufrido un duro ataque durante algo más de una hora. Su palo de mesana cae por la borda al tiempo que se inicia un incendio en el pasillo de popa y en toldilla. Después cae el palo mayor. No obstante, continúa disparando hasta que la mayoría de los cañones quedan inutilizados. Al poco tiempo cae el último mástil. Las vergas de gavias y las inferiores están cortadas y no hay brisa suficiente para intentar virar. La nave está totalmente incapacitada. Finalmente: el Téméraire, de tres puentes, se acerca y aborda al Fougueux. Se disponen a penetrar en el buque francés, un número de 200 a 300 hombres, la mayoría; soldados de infantería de marina. El comandante Baudouin cae fulminado por una bala de mosquete y el segundo comandante: Capitán de Fragata François Marie Bazin, toma el mando del navío, desplegando efectivos por todos los lugares, pero el enemigo dominaba en altura y el fuego era intenso, empleando sus carronadas y mosquetes. A las 13 y 55 horas; el Fougueux arria la bandera, pero antes el capitán de fragata Bazin ha destruido toda la documentación secreta para que esta no pueda caer en manos del enemigo. Después del Redoutable, el Fougueux fue el navío de la flota francesa que sufrió las peores bajas.


El Royal Sovereing atravesando la línea de la flota combinada entre el Fougueux y el Santa Ana. Pintura de Richard Grenville, www.todoababor.es



Naufragio y pedida del Fougueux

El combate había finalizado y se había hecho cargo del navío francés, después de su rendición, una dotación británica de presa, con el objeto de conducirlo probablemente a Gibraltar.  Estaba siendo remolcado por la fragata inglesa Phoebe. Esa misma tarde y noche del 21, comienza a desatarse un fuerte temporal. Antonio Alcalá Galiano continua con sus relatos: Amaneció el día 22 con horroroso aspecto, cubierto el cielo de nubes negras y apiñadas, en cuanto permitía ver lo cerrado del horizonte, cayendo con violencia copiosa lluvia, bramando desatado el viento del SO., allí denominado vendaval; levantándose olas como montes que, según suele suceder en Cádiz en las grandes borrascas, rompían en la muralla con espantoso ruido, rociaban con su espuma los lugares vecinos, y hasta amenazaban con no leve peligro a la tierra y edificios contiguos a la orilla. Según algunos relatos de testigos presenciales; dicen que los barcos navegaban de un lugar a otro, procurando siempre mantenerse lejos de los “bajíos”, al mismo tiempo que intentaban reparar los daños sufridos. Han pasado unas dos horas desde su rendición y cuando el viento comienza a soplar con toda fuerza, más tarde, el Fougueux se suelta de la fragata británica, al romperse el cable de remolque, y queda sin rumbo. Es lanzado, con violencia contra la costa y al chocar con numerosas rocas termina hecho, literalmente, añicos. Según relato del capitán de maestranza Pierre Servaux, recogido por Roy Adkins, podemos comprobar las circunstancias de esta enorme tragedia. Nos cuenta Servaux que el barco estaba en un lamentable estado. Se había quedado sin mástiles, velas y aparejos. No había botes para intentar un abandono. El casco tenía agujeros enormes, habiendo brechas en la línea de flotación. Todo ello había permitido que el agua subiera hasta la cubierta del sollado. En estas circunstancias se escuchaba los alaridos que lanzaban los heridos y moribundos, al mismo tiempo que también llegaba a los oídos el alboroto producido por la insubordinación de gran parte de la dotación, de seguir operando con las bombas de achique. Según algunas fuentes se perdieron unos 546 hombres, de una dotación de 680, y con ellos perecieron uno 30 hombres, entre oficiales y marineros británicos de la dotación de presa del Téméraire, aunque otras calculan la pérdida total en 600 hombres. Como es natural, al comienzo hubo una gran incertidumbre alrededor de los buques naufragados, tanto españoles como franceses. El Fougueux no fue una excepción. En los partes dados por el vigía de Cádiz, del 21 al 26 de octubre, podemos deducir: Día 24 de octubre a las 6 y 30 horas. Se pasó un parte que decía que el navío francés Algésiras disparaba cañonazos mientras que estaban varados en la costa del Puerto de Santa María los navíos españoles San Francisco de Asís y Neptuno, y el navío francés Fougueux permanecía fondeado. En los partes de la Torre de Tavira de Cádiz, del 1 de octubre al 20 de noviembre, podemos conocer: El día 23; dice el parte que próximo a Torregorda se encontraba el Fougueux francés, desarbolado como todos. Solo el Neptuno español mantenía el trinquete. No obstante, un parte del día siguiente, día 24, afirmará que el navío fondeado sobre Torregorda resultó ser el Aigle francés y no el Fougueux que también está varado entre Conil y Sancti Petri. El día 1 de noviembre hay un parte sobre los buques franceses, en el que se dice claramente que el Fougueux se fue a pique sobre Sancti Petri. El día 4 de noviembre hay un parte del comandante de la flota británica tras la muerte de Nelson, Cuthbert Collingwood, a William Marsdem. En él relata las actividades de la flota británica situada en las proximidades de Cádiz, desde el 28 de octubre hasta ese día 4 de noviembre. Habla, entre otros asuntos, del navío francés Fougueux de 74 cañones que había estado al mando del capitán de navío Baudouin, naufragó después de Trafalgar y perecieron todos, así como los hombres de la dotación de presa del Téméraire. El día 5 de noviembre, el mayor general de la Escuadra española Antonio Escaño, envía al Príncipe de la Paz una relación de la situación en que quedaron los buques españoles y franceses tras el combate. En él hace referencia al Fougueux, manifestando que combatió gallardamente y se perdió en la costa.

  

Castillo de Sancti Petri. Beatriz


Al rescate de los náufragos

En esa misma tarde del día 21 de octubre, el capitán general del Departamento Marítimo de Cádiz: Juan Joaquín Moreno, después de haber recibido diversos infórmenes procedentes del vigía de Torre Alta, en la Isla de León -hoy San Fernando- de que habían sido avistados diversos navíos desarbolados; ordena al capitán del Puerto de Cádiz: Joaquín Hidalgo, que habilitara lanchas, botes, y personal a sus órdenes, con la finalidad de atender a aquellos náufragos que alcanzaran la costa por diversos puntos. Así mismo, dispone que el Arsenal de la Carraca proporcione lanchones, cables, calabrotes y anclas. Por otra parte; ordena al director del Colegio de Cirugía de la Armada y Hospital Real que prepare un equipo de médicos-cirujanos con instrumental adecuado, incluyendo la maquina fumigatoria para tratamiento de ahogados. El comandante del Apostadero de Sancti-Petri: Fermín Argumosa, da parte al capitán general de que las fuerzas sutiles de dicho apostadero, junto a una división de Algeciras, la cual se encontraba fondeada en él, no habían podido efectuar la salida debido al fuerte viento reinante. No obstante, envió a la playa del Sur personal de la goleta Ligera, al mando del teniente de navío Antonio Ulloa, con el objeto de prestar auxilio a los posibles náufragos que llegaran a la costa, salvando a 17 franceses que llegaron en dos especies de balsas. Refiere este último oficial que el personal a su mando se introdujo en el agua, agarrados unos a otros, logrando el atraque en la costa y sacando a todos, excepto a dos que no atendiendo a las voces indicadoras, se arrojaron al mar, intentando ganar tierra, y perecieron ahogados.

Volviendo a nuestro navío Fougueux, según algunas fuentes; señalan que a eso de las diez de la noche del día 21, había lanzado las primeras llamadas de socorro. Acude una embarcación del navío ingles Orion, la cual consigue rescatar unos 120 náufragos, en la mañana del día 22, según algunas fuentes. Ya entrada la madrugada del día 22; se encuentra rondando la playa una patrulla del Regimiento de Caballería Farnesio. Dicho regimiento, creado en Flandes, había sido trasladado a España en 1710, quedando acuartelado en Barcelona. Después de pasar por distintos lugares de la geografía española; en 1803 está de guarnición en Utrera, y en el verano de 1805 se traslada, como 6º Regimiento de Caballería de Línea, al Puerto de Santa María. Pues bien: Una parte de esta patulla está al mando del alférez Antonio María Manso, con los cabos Antonio Salamanca, Florentino Aguirre, Miguel Ponce, y los soldados: Manuel Kimones, Gabriel Martínez, Manuel Cárdenas y Rafael Moras. Logran avistar a unos 18 náufragos del Fougueux que en una improvisada jangada, intentan alcanzar la orilla, a duras penas. Entrando con los caballos en el agua logran alcanzarlos y conducirlos a tierra firme. Otra parte de la patrulla al mando del alférez José Fernández de Castro, logran socorrer a otros tres hombres, en otro punto de la playa. Antonio María Manso conduce a los náufragos rescatados a una venta, donde  consigue pan, vino y queso. El coronel del Regimiento, José Manso, se encuentra en la playa, dando las instrucciones oportunas para el salvamento de los náufragos, así como la custodia de efectos diversos arrojados por el mar a la costa, y recogida de numerosos cadáveres.

No podemos olvidar una nota destacada: En el Hospital de San José de la Isla de León, y en la sala de este mismo nombre; ingresó un inglés que llegó a Sancti-Petri. El libro de registro de enfermos dice textualmente: Escapó a nado. Continúa el libro de este centro, diciendo que procede del navío francés llamado “Caballo Blanco”, apresado por los ingleses en el combate naval y que se fue a pique. Entró insultado y sin habla y se ignora el nombre del padre y patria. Está fechado en 23 de octubre de 1805. El náufrago falleció días después. El hecho de haber llegado a nado, hablar de Sancti-Petri, y la fecha del 23, nos llevaría a la conclusión que no pertenece a los náufragos recogidos por el Regimiento Farnesio. Posiblemente fuera socorrido por pescadores locales.

En todos estos hechos, nos quedan algunas dudas: Los náufragos rescatados por el teniente de navío Antonio Ulloa; guardan por el número y zona del naufragio cierta similitud con los rescatados por el Regimiento Farnesio. No obstante, pensar en una colaboración conjunta es improbable porque este hecho constaría en los partes dados. El navío francés Achille fue incendiado durante el combate, a pesar de ello parte de su dotación pudo ponerse a salvo y algunos de ellos pudieron ser rescatados por los hombres de  Ulloa.

En cuanto a la venta en la que Antonio María Manso socorrió a los náufragos del Fougueux, proporcionándoles alimentos a su costa, pudo tratarse del actual “Ventorrillo del Chato”. Construido en 1780 como “Casa de postas”, se dice que fue construido, con la autorización del Conde O´Reilly, por Sebastián García, apodado “Chano el chato”, de aquí su nombre. El día 23 de octubre, el director del Colegio de Cirugía Carlos Francisco Ameller, envía al ventorrillo de Torregorda, un médico-cirujano de la Armada, con su instrumental, para auxilio de náufragos. Probablemente se trataba de esta venta.

El día 19 de noviembre, el coronel del Regimiento de Caballería Farnesio José Manso; dirige escrito a Diego de Godoy, sobre los meritos contraídos por su regimiento en el auxilio de los náufragos de la Escuadra y recogida de pertrechos de los buques. Habla en él de las operaciones efectuadas en la playa de Levante, que media desde el Castillo de Sancti Petri hasta pasada Torregorda, con dirección a Cádiz. En él cita al navío francés Fougueux o Caballo Blanco y relata la extraordinaria acción de salvamento llevada a cabo por las patrullas de su regimiento. Alaba las acciones de los alféreces Manso y Fernández de Castro, este último sin estar destinado en aquel servicio, se presentó voluntario para ayudar a las faenas de salvamento y conducir a los náufragos al cuartel de la compañía, poniéndolos en caballos, carros y calesas. El día 22 de noviembre, el capitán general del Departamento Juan Joaquín Moreno, dirige escrito al Príncipe de la Paz en el que se refiere al auxilio prestado por la Armada y el Ejército a los navíos naufragados en las costas gaditanas. Hace referencia al Regimiento de Caballería Farnesio en el auxilio de los náufragos del Fougueux.




Sistema rocoso próximo al Castillo. Beatriz


Búsqueda de los restos del Fougueux

Aunque la historia de los buques naufragados tras el combate de Trafalgar, en las costas gaditanas, es conocida desde hace mucho tiempo, es en fechas relativamente recientes cuando se ha profundizado en el estudio de la búsqueda de sus restos. Referente al Fougueux, estudios geomorfológicos determinaron que se encontraría en el lugar de encallamiento, a unos 1000 m. de la costa y a una profundidad inferior a 8 m., aunque habría fragmentos cerca de la orilla. National Geographic nos cuenta como en los años 90, el instructor de buceo Juan Domingo Mayo hizo una inmersión en la zona, encontrando un túmulo enorme en forma de huso, pensando que podría guardar en su interior los restos de un navío hundido. Una vez dado el parte oficial del hallazgo, se decide investigar el pecio, al que se le va a dar el nombre de Las Morenas. Se va a hacer cargo del estudio; el Centro de Arqueología Subacuática (C.A.S.), dependiente del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico de la Junta de Andalucía, el cual tiene su sede en Cádiz. Se determina que se ha encontrado un bloque en forma de túmulo fusiforme, el cual mide 22 m de largo por 8 de ancho. Nuria Rodríguez Mariscal, arqueóloga submarina del C.A.S., determinará que se han encontrado cañones de hierro de gran tamaño, anclas de grandes dimensiones y elementos de la época. Conocidos estos hallazgos, se comprueba la documentación histórica contenida en los archivos españoles, franceses y británicos. Se repasa los informes militares, los cuadernos de bitácora pertenecientes a algunos de los navíos que participaron en la contienda, así como la prensa del momento. El C.A.S. va a seguir en todo momento las recomendaciones de la UNESCO. Son llamados dos expertos en arquitectura naval: Eric Reith perteneciente al Centro Nacional de Investigación Científica de Francia y al Museo Nacional de la Marina, en Paris. Acudirá Manuel Izaguirre, del Servicio del Patrimonio Histórico Artístico y de la Diputación Floral de Guipúzcoa. Ambos se desplazarán a Cádiz en momentos distintos. Se va a observar el casco y se va a efectuar un estudio de las características arquitectónicas y de los materiales del pecio. Hay que determinar la cronología y la nacionalidad de los elementos de dicho pecio. Es muy importante el realizar un estudio comparativo de las piezas de artillería con los reglamentos y ordenanzas de la época en la Marina francesa, sobre todo a lo concerniente a fundición de cañones. Fueron encontrados cañones y distintas piezas correspondientes a armas de fuego y armas blancas, así como diversos materiales relacionados con la vida a bordo, sobre todo piezas de cocina. Aunque la mayoría de ellos eran de procedencia francesa, también los había de procedencia española, italiana y china. Con motivo del bicentenario del combate de Trafalgar, el C.A.S. mantuvo en el balneario de “La Caleta”, en Cádiz, una exposición de objetos encontrados, pudiendo citarse gran número de ellos:

Fragmento de bacil u orinal, probablemente de la cámara del comandante.

Regla para medir distancia en cartas náuticas.

Reloj de arena para calcular la velocidad en nudos.

 Recipientes de cerámica.

Tapadera de una olla de cocina.

Gollete de botella de vidrio con tapón de corcho.

Fragmentos de vajilla.

Base de botella de vidrio.

Tonel de agua o de vino.

Tapadera de una olla de cocina.

Parte de una cuchara de madera.

Pesas con marca de flor de lis

Llave de mobiliario.

Pieza de dominó fabricada con hueso. Se calcula que corresponde a finales del siglo XVIII y principios del XIX.

Hebilla y fragmentos de cinturón.

Hebilla de calzado.

Un calzado en forma de zapatilla.

Una lente de gafas, incrustada en un magma.

Hueso de vaca, probablemente correspondiente a la carnicería.

Huesos de rata, probablemente correspondiente al pañol de víveres.

Instrumental médico, probablemente correspondiente a la enfermería: enema de limpieza y parte de un torniquete.

Lastre móvil, llamado salmonete o lingote de hierro.

Ancla de reserva o de la misericordia.

Fragmentos de cabo.

Empuñadura de sable.

Guardamonte correspondiente a un arma de fuego.

Balas de hierro dispersas.

Conjunto de balines.

Piedra de chispa o pedernal.

A ello, se le va a unir una serie de hallazgos del máximo interés:

Un conjunto de 6 monedas: 5 de origen francés y 1 sin identificar. Algunas monedas francesas están acuñadas en el antiguo Régimen de Luis XVI y otras pertenecen a la época de la República. Este hecho no tiene la menor importancia ya que sabemos que ambas fueron de curso legal en aquella época. Se da la curiosa circunstancia de que una de las monedas de Luis XVI presenta la cara tachada. No obstante, el hallazgo de mayor trascendencia lo constituye unos botones, y sobre todo uno de ellos con el número 79. Dado que este número corresponde a un regimiento embarcado nos va a llevar al estudio de dichos regimientos. En los buques de la Armada francesa hubo un importante número de personal del Ejército embarcado. En algunos buques la proporción llegó a ser del 48% de su dotación mientras que en otros fue de un 31%, hasta que llegó la norma de que solo fuera de un 15%. Este personal realizaba funciones diversas, desde ser guardianes de los calabozos, mantener el orden o simplemente constituir tropas de transporte para luego operar en tierra. Además; este personal del Ejército de Tierra ofrecía una serie de ventajas, como ayudar en determinados trabajos marineros que no fueran muy específicos. Así, podían actuar de bomberos o participar en determinadas faenas, como refuerzo de la marinería. No obstante, su principal participación sería en artillería, fusilería y abordajes. Pero este personal presentaba algunos inconvenientes; eran extraños a la marina y ello era motivo de que se agravara las ya malas condiciones higiénicas de los navíos, siendo causa de hospitalizaciones y fallecimientos. Gran parte de ellos no se acostumbraban a la vida de a bordo. Por otra parte, quedaban disminuidas las raciones de víveres de la flota. Según fuentes documentales; en la flota francesa iban embarcados, además de los 2º y 4º regimientos de artillería de Marina, los regimientos del Ejército: 2º, 70º, 93º de línea y la reserva colonial de Marsella. Las tropas del cuerpo expedicionario correspondían a los regimientos de línea 16º, 26º y 67º, 1º media brigada suiza, 3º batallón colonial, y la reserva de la legión de Midi. Finalmente: las tropas de transporte se completaron con contingentes de los  regimientos de línea 2º y 79º, así como la 6ª reserva colonial y el batallón de cazadores de Oriente. Un total de 3.332 hombres embarcaron en Toulon y 861 embarcaron en Rochefort. El contingente más numeroso estaba formado por los regimientos de líneas 16 y 67. Pero 367 hombres procedentes de este último puerto desembarcaron en Guadalupe a instancia de su Gobernador, con la finalidad de aumentar la guarnición del archipiélago. El mando de las tropas expedicionarias le fue encomendado al General Jacques Alexander Lauristón, quien después de la expedición a Martinica y combate del Cabo Finisterre, desembarcó al llegar a Cádiz para regresar a Paris. Fuentes documentales señalan que fueron encontrados botones con los números: 1, 5. 77 y 79. Con respecto al número 1 podría corresponder a la 1ª media brigada suiza de la legión extranjera aunque podría tener otro origen. La legión de Midi fue una legión franco-italiana descendiente de la legión piamontesa creada en 1803 en los departamentos franceses de Italia. Se compuso de tres batallones. El 1º y 2º, en 1805 fueron incorporados a un regimiento de infantería de línea en el Caribe, mientras que el 3º batallón se quedó en Francia como 1º batallón. Por lo tanto; no podemos descartar esta procedencia del botón 1, aunque parece más factible que perteneciera a la media brigada suiza, dado la reciente creación del 1º batallón Midi. Respecto a los números 5 y 77, por el momento no tenemos información. Sin embargo, el botón con el número 79 va constituir la pieza fundamental de esta investigación. El regimiento 79 de línea embarcó al final, distribuyéndose por los navíos Argonaute, Redoutable y Fougueux. No obstante, en las hospitalizaciones que hubo en Cádiz se ha encontrado un soldado del Regimiento de Infantería de Línea 79 perteneciente al navío Duguay-Trouin. Este regimiento estaba compuesto por 5 compañías. La 1ª y la 3ª embarcaron en el Redoutable mientras que las demás se distribuyeron entre los otros navíos.  

Epílogo

En el combate naval de Trafalgar, Francia sufrió una gran perdida humana. Según fuentes francesas, de unos 15.000 hombres que participaron en el combate; 3.500 murieron o se ahogaron, 5.000 fueron hechos prisioneros por los ingleses, de los que unos 3.000 regresaron a Francia, aunque con la salud bastante deteriorada. 2.500 hombres que se hallaban en los navíos apresados o naufragados llegaron a Cádiz, aunque muchos de ellos estaban heridos de consideración o mutilados. Se calcula el número de supervivientes sobre 4.000 hombres. En su mayoría fueron hechos prisioneros por España en 1808, después de la rendición de la escuadra de Rosilly, en la bahía gaditana. Fueron confinados en pontones en Cádiz y posteriormente encarcelados en la Isla de Cabrera, donde un gran número de ellos murieron. Al final; solo un tercio de los combatientes de Trafalgar regresaron a Francia. En cuanto al Fougueux: diremos que las bajas fueron de 546 a 600 hombres, según distintas fuentes, siempre incluidos los 30 hombres británicos de la dotación de presa. La dotación del navío, como en el resto de la Armada francesa, era muy variada. Al comandante, segundo comandante, oficiales, y contramaestres, se les unía los supernumerarios; constituido por un personal de gran variedad en su formación y funciones. Entre ellos; armeros para la reparación de armas de fuego, herreros, calderistas, hojalateros, vidrieros y, encargados de víveres. Por otra parte; había: cocineros, carniceros, ganaderos y toneleros. Había criados para el servicio de los oficiales. La Sanidad estaba formada por oficiales médicos distribuidos según el porte del navío. En el caso del Fougueux, de 74 cañones, correspondía: Un oficial de Sanidad en jefe y cuatro cirujanos. Estos eran ayudados por marineros, llamados matelots fraters. A estos pertenecían los barberos y enfermeros e iban por lo general un número de seis en cada buque. A diferencia de las armadas española y británica, la Francia de la Revolución no contemplaba la presencia de capellanes en su flota. Entre la marinería había grumetes de una edad comprendida entre 9 y 15 años, junto a marineros veteranos quienes podían tener 50 años. Algunos novatos, aprendices, o reclutas podían pasar de 30 años. Se realizaba levas en puertos comerciales y pesqueros. También; la Marina francesa contaba con algunas mujeres embarcadas, las casadas mediante el consentimiento de su esposo. En algunos casos podía embarcar la pareja. Fue estremecedor el salvamento de una mujer llamada Jeannette, embarcada en el Achille. Después de ver morir a su esposo, tras el incendio del navío se arrojó al mar, siendo salvada por una embarcación del navío ingles Revenge. Debido a la precariedad de la Marina fue necesario mantener en servicio a marineros de cierta edad. También se enrolaron genoveses y hubo que echar mano de prisioneros y deportados. El personal de artillería de marina y las tropas de los  ejércitos  de guarnición y expedicionario completaban el resto de la tripulación.

En cuanto a la tragedia de nuestro protagonista Fougueux podemos hacer una breve y minuciosa reflexión. Para ello podemos analizar tres elementos: el navío, su dotación y, el naufragio.

El Fougueux, Impetuoso o Fogoso, llamado de este modo quizás por su rapidez y potencia, y Caballo Blanco quizás por sus condiciones marineras, balanceándose sobre las olas con su velamen desplegado; enarboló el pabellón de la Monarquía francesa y al poco tiempo el de la República. Sufrió diversas reparaciones a lo largo de su vida, conociendo astilleros franceses y españoles. Participó en acciones navales, tanto en el continente americano como en el europeo. Pese a todo, cuando llega la hora de formarse la flota aliada, el Fougueux no está en la convocatoria. Quizás, por estar reciente su última reparación no es considerado útil. Sabe que el resto de los barcos han partido para Martinica y después tampoco va a participar en el combate de Cabo Finisterre. Pero cuando se forma la nueva flota si es llamado y queda  fondeado en la ría de Ares junto al resto. A sus 20 años de edad es un navío veterano dispuesto a dar lo mejor de si mismo. Navega hacía Cádiz en la formación que le corresponde y cuando fondea en la bahía gaditana, enarbolando la bandera tricolor: azul, blanca y roja, junto al resto de los buques de su nación y de los navíos españoles con la bandera rojo y gualda; impresionará a Antonio Alcalá Galiano. Llega la hora de la salida de aquel día 20 de octubre de 1805 y a su paso por el Castillo de Sancti Petri está muy lejos de pensar que cerca de allí estará el lugar de su sepultura. Es posible que alguna persona de su dotación conociera la triste historia del navío sueco, de características muy similares, naufragado en aquel lugar, también un mes de octubre de 1738. También; alguien pudo haber leído la narración del escritor árabe advirtiendo de la conflictividad de la zona: Mar de vientos adversos. Llega el momento del combate y es el buque que rompe el fuego, lo hace nada más ni menos que sobre el Royal Sovereing. Quizás por este motivo sufre más tarde un severo castigo por parte de los buques británicos. Finalmente: maltrecho, es apresado. Parece ser que su destino será Inglaterra, pero el Impetuoso Caballo Blanco no va a servir a otra bandera porque se romperá su remolque e irá a estrellarse en el arrecife rocoso del Castillo de Sancti Petri. No me cabe la menor duda de que Dios dispuso que nuestro amigo Fougueux descansara en aguas de San Fernando.

La dotación, como hemos visto con anterioridad, era muy heterogénea pues así ocurría en la Armada francesa. Al mando de un comandante experimentado, el navío se ha unido a la flota aliada y llega a Cádiz. La antigua ciudad es cosmopolita y ofrece un gran número de distracciones. Hay muchas bajas hospitalarias y los franceses al principio son ingresados en el Hospital de San Juan de Dios pero surgen problemas con la hospitalización de los vecinos de Cádiz y son dirigidos al Hospital de la Segunda Aguada, recién abierto. En la documentación encontrada, figuran: tripulantes de todos los navíos. La mayoría son soldados de los regimientos del Ejército. Les siguen marineros, artilleros de marina, grumetes, algún contramaestre, cocineros, carniceros y panaderos Se van a producir fallecimientos, tanto por problemas médicos como quirúrgicos. Llega el momento del combate y ya conocemos la suerte que corrió el navío. Siendo conducidos por el enemigo, en calidad de prisioneros y con un futuro incierto, se presenta el terrible temporal. Ahora no hay vencedores ni vencidos porque el enemigo es el viento junto a las olas. Todos juntos han de luchar por la supervivencia. La tripulación está exhausta y ve como todo el esfuerzo ha sido en vano. Ahora hay que pensar en abandonar las ruinas de aquel buque de guerra y salvar la vida. Nos vamos hacer una pregunta: ¿Qué ocurrirá con los heridos que no pueden valerse por si mismo? Seguramente, lo mismo que ocurrió con nuestro Santísima Trinidad, perecieron de forma horrible, con el navío. No nos olvidemos tampoco de los familiares de las victimas, de aquellos padres, hermanos, mujeres, hijos, novias. Muchos fueron a despedirlos cuando partieron de Francia y jamás supieron de ellos.

Los ingleses del navío Orion han mandado una embarcación para salvar tantos náufragos como sea posible. Lo mismo da que sean británicos como franceses. Hay que luchar con las malísimas condiciones climatológicas y el número de supervivientes va a ser muy reducido. Los militares del Regimiento de Caballería Farnesio, 6ª de línea; están patrullando la playa en todo su recorrido  y han llegado hasta el caño de Sancti Petri; cuando observan gritos de socorro desde el agitado mar y sin pensarlo exponen sus vidas,  introduciéndose con sus caballos algo más allá de la orilla y sin importarles la fuerza del oleaje, para poder tirar de la balsa en la que a duras penas flotaban aquellos pobres náufragos. El célebre y veterano regimiento, ahora no estaba realizando una de sus históricas cargas pues su misión era muy distinta, era puramente humanitaria; la de salvar la vida de aquella pobre gente. La actuación del Ejército en este y otros naufragios fue tal que en el parte dado por la Armada sobre estos, figura: Por último todas las tropas del Ejército se emplearon en los socorros de los náufragos en estas costas; han desempeñado a porfía sus deberes con la mayor actividad, constancia, patriotismo y humanidad. Por último: los supervivientes que no requieren hospitalización llegarán a los cuarteles, en donde se les darán alojamiento. No importa que fueran aliados o enemigos.  Collingwood que está al mando de la flota británica después de la muerte de Nelson, escribiría al Almirantazgo: Nuestros oficiales y marineros que han naufragado con las presas, han sido tratados con la mayor bondad: la población entera acudía para socorrerlos; los sacerdotes y las mujeres les daban vino, pan y cuanta frutas había; los soldados dejaban sus camas para dárselas a nuestra gente…

El Castillo de Sancti Petri, las dunas, el ventorrillo del Chato, los restos del camino Real; todos ellos son hoy día: testigos mudos de aquella tragedia, y han venido guardando el secreto a través del tiempo. Yo prometo que si en un cálido día de verano tengo la oportunidad de caminar por la playa de Camposoto y llegar a la Punta del Boquerón: Detenerme en este lugar y recitar una oración por aquellos valerosos marinos que de una manera u otra, aquella trágica madrugada del 22 de octubre de 1805, entregaron sus vidas en el cumplimiento del Deber.

Que Dios tenga a todos en su Gloria.

BIBLIOGRAFÍA

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VETERANOS DE CABALLERIA DE FARNESIO, veteranosdefarnesio.blogspot.com, diciembre 2010

WIKIPEDIA. Historia


AYUNTAMIENTO DE CÁDIZ. Ventorrillo el Chato,  laciudad.cadiz.es

ARCHIVO GENERAL DE MARINA ÁLVARO DE BAZÁN. Legajo 3079

BIBLIOTECA NAVAL DE SAN FERNANDO. Corpus Documental

MUSEO MUNICIPAL DE SAN FERNANDO. Restos de naufragios











La Sanidad Naval en los naufragios

Escrito por humanidadesymedicina 18-12-2014 en Naufragio. Comentarios (0)

Naufragio de la fragata Magdalena y del bergantín Palomo. Ría de Viveiro. 2 de noviembre de 1810

En la madrugada del día 2 de noviembre del año 1810, la fragata Santa María Magdalena y el bergantín Palomo, junto a varias unidades de la Armada española y de la Royal Navy, se encontraban fondeados en la ría de Vivero, en plena Guerra de la Independencia. Sorprendidos por un fuerte temporal, se produce el trágico naufragio de nuestra fragata y nuestro bergantín, dejando un elevado número de víctimas y constituyendo una de las mayores tragedias de nuestra Armada, que aún en nuestros días es recordada.

La fragata Santa María Magdalena había sido construida en los Reales Astilleros del Esteiro, en Ferrol, según el sistema francés Gautier. Botada el 7 de julio de 1773, portaba 34 cañones y su dotación era de 480 hombres. Es probable que el nombre fuera debido al barrio de la Magdalena, próximo a los astilleros. El bergantín Palomo había sido construido también en el Esteiro, botado en 1793, con 18 cañones.

Vivero, desde 1982 Viveiro, pertenece a la provincia de Lugo y hoy es capital de la comarca de La Mariña. Una de sus playas es la de Covas, en cuya parte occidental se encuentra unas rocas salientes llamadas Os Castelos. En este extremo occidental, aparece el acantilado de Sacido que deja una playa de unos 282 m. de longitud.

Es el año 1810 y el mando conjunto, hispano-inglés, decide llevar a cabo una expedición militar conjunta con el objeto de operar en Cantabria, fuertemente ocupada por el ejército napoleónico. La expedición estará al mando del mariscal de campo Mariano Renovales Rebollar, natural de Las Encartaciones, en Vizcaya. Había tenido un comportamiento heroico en el sitio de Zaragoza y había dirigido guerrillas en el valle navarro del Roncal. La expedición tenía tres objetivos:

Ocupar y fortificar Santoña.

Destruir las fábricas de armas de Orbaizeta y Eiqui, para dar un duro golpe a la logística francesa.

Bloquear el Camino Real de Irún, cortando las comunicaciones e impidiendo la llegada de refuerzos al enemigo.

Las fuerzas de desembarco disponen de 2000 hombres del ejército, reforzados por tres batallones de infantería de marina y una brigada de artillería de marina. Pudieron ser un total de 3000 hombres. A estos se le unirán 800 hombres británicos de una compañía de desembarco de la Royal Marine, al mando del capitán de este cuerpo, Walker.

La flotilla estará compuesta por las siguientes unidades:

Por parte de España.

Fragata Magdalena. Buque insignia del Jefe de la Escuadra: Capitán de Navío Joaquín Zaráuz Di,  y cuyo comandante es el de su mismo empleo: Blas de Salcedo y Salcedo, natural Fuentenovilla, en Guadalajara.

Bergantín Palomo. Goleta con patente de corzo, Insurgente Roncalesca. Goleta Liniers. Los cañoneros: Corzo, Estrago, Gorrión y Sorpresa. 15 buques de transporte, entre los que podrían estar, según algunas fuentes; el Buen Amigo y el San Juan Bautista

Por parte de Gran Bretaña.

Fragata Arethusa. Buque insignia del comodoro Robert Meds. Las fragatas: Narcissus, Amazone y Medusa. Bergantín Ciudad de Mahón.

El día 14 de octubre parte del puerto de La Coruña el grueso de la expedición, con el objeto de operar en el golfo de Vizcaya. El día 16, en Rivadeo, se incorporan la goleta Liniers, junto a los cañoneros y quince transportes. Según algunas fuentes, habrían salido del puerto coruñés, 20 transportes, por lo que el número de estas embarcaciones ascenderían a 35, aunque es dudoso. El día 18 fondean en la concha de Gijón y al día siguiente desembarca toda la tropa destinada a esta operación, la cual ayudada por las divisiones del cuerpo franco asturiano de Juan Díaz Porlier y del 6º ejército de Federico Castañón, que operan en la zona; atacan la plaza y los franceses se ven obligados a retirarse a Oviedo. Al haber noticias de que se ha puesto en marcha un potente ejército francés, las tropas reembarcan y la expedición se dirige a Santoña, en cuya concha fondea el día 23. El día 26 aparece un fuerte viento del NO que provoca el naufragio de los cañoneros; Corzo, Gorrión y Sorpresa, cuyas tripulaciones son puestas a salvo y recogidas por el resto de los buques. El cañonero Estrago tiene una vía de agua y se acerca a la costa de vascongadas, pero es destrozado y sus hombres, una vez en tierra firme, consiguen burlar la vigilancia del enemigo y toman el camino de las montañas. A través de Santander, León y Burgos, consiguen llegar a Ferrol, un mes más tarde. El día 29, parte de la flota combinada, con viento del N E, llega a Vivero. La fragata Magdalena y el bergantín Palomo, habían perdido dos de sus anclas mayores. Ahora están fondeados en la ría, junto a los buques británicos. Después se unirán los transportes. El día 2 de noviembre aparece un Norte fresco. La mar está rizada y pronto arbolada, hasta desencadenarse, en poco tiempo, un fuerte temporal que pone en peligro la seguridad de las embarcaciones. A las 2 de la madrugada, a la Magdalena le fallan los cables, lo que lleva a abordar a la fragata inglesa Narcissus. Los ingleses picando los palos y jarcias, consiguiendo zafarse, mientras que la Magdalena es arrastrada a la playa de Covas, donde quedará encallada. Solo 8 tripulantes pudieron ser rescatados con vida, de los que fallecieron posteriormente 5. El Palomo consigue picar los palos pero es arrastrado hacia la playa de Sacido. En graves momentos de desesperación se intenta construir jangadas pero estas se deshacen por la acción de las poderosas olas. Llega el momento de que comienza a entrar agua por el costado de babor y la tripulación se ve obligada a desplazarse a estribor. Dos marineros intentan llegar a tierra con un andarivel, con el que después evacuarían al resto, pero perecen en este heroico intento. El buque, unas horas más tarde, termina destrozado, desapareciendo con él, gran parte de los tripulantes. No obstante, se salvaron 25 hombres, entre ellos su comandante; Teniente de fragata Diego Quevedo. Las playas de Covas y Sacido, empiezan a recibir cadáveres, devueltos por la mar, y hay que darles cristiana sepultura. El cementerio de la localidad es pequeño y es necesario cavar fosas al borde de la playa. Intervienen en todas las operaciones: personal de la comandancia de marina de Vivero, pescadores locales y soldados del ejército expedicionario del general Renovales. A ellos se les unirán particulares de la villa. Se organiza una junta de sacerdotes, probablemente a expensas del clero local y de las parroquias vecinas, y con el fin de llevar la asistencia espiritual a los náufragos y dar sepultura a los muertos. Se hace llegar: víveres, medicinas, camas y mantas. Así como se va a improvisar un hospital de campaña.

Se calcula que en la fragata Magdalena de 508 tripulantes; fallecieron 500 y se salvaron 8. Después fallecieron 5 y solo 3 sobrevivieron. En el bergantín Palomo; de 75 tripulantes, fallecieron 50 y sobrevivieron 25. En la fragata, perdieron la vida:

Jefe de la escuadra: Capitán de Navío Joaquín Zaráuz

Comandante del barco: Capitán de Navío Blas de Salcedo

3 tenientes de navío

1 teniente de fragata, comandante del cañonero Corzo

4 alféreces de navío

1 guardiamarina

1 capitán de bombarda, comandante de la brigada de artillería

1 teniente de brulote, comandante del cañonero Sorpresa

2 tenientes de brulote

2 pilotos

Contador (oficial de intendencia)

Médico-Cirujano

Capellán

Se da el caso de que el guardiamarina, es el segundo hijo del Capitán de Navío Salcedo, llamado: Blas de Salcedo Reguera, nacido en 1796.

Por parte del bergantín, perecieron:

1 teniente de fragata

1 alférez de navío

1 primer piloto

2 terceros pilotos

Médico-Cirujano

El resto de los fallecidos, tanto de la fragata como del bergantín, estaría formado por: contramaestres, condestables, puede que fuera embarcado algún sangrador, carpinteros, calafates, artilleros, marineros y soldados de batallones de marina.

El médico-cirujano de la fragata Magdalena, es: Manuel Giménez, y el del bergantín Palomo: Juan Romero. No sabemos el empleo de dichos médicos ni tenemos por el momento alguna referencia en cuanto a su historial militar y profesional. No obstante, sabemos que en dicha fragata, el día 12 de agosto de 1805, fondeada frente a Santander, su segundo médico-cirujano es Pablo Barredo, el cual procedía del Departamento Marítimo de Cádiz. Lo cual nos hace pensar que ambos buques deberían llevar un segundo médico, bien provisional o de número. Aunque dada la circunstancia de la guerra, podría ser un segundo médico-cirujano particular. Durante el zafarrancho de combate, el facultativo permanecía en la enfermería de combate, situada en un sollado, bajo la cubierta de artillería. En esta debieron permanecer, nuestros médicos, acompañados por sus ayudantes, durante el episodio del temporal y probablemente abandonarían el puesto cuando se dio la orden de abandono de buque.

Ni que decir tiene que la tragedia de aquellos días de principios del mes de noviembre, produjo un gran impacto en la villa marinera de Vivero, acostumbrada a los envites de la mar. Se cuenta que el cadáver del comandante de la Magdalena; Blas de Salcedo, junto al de su hijo Blas, aparecieron ambos abrazados en las arenas de la playa de Covas. Este impactante hecho, aunque lleno de humanidad, parece poner un acento discordante en lo que es la vida a bordo de un buque de guerra, donde la disciplina es argumento fundamental, sin distinción alguna. Más; teniendo en cuenta, la época y la situación de guerra. Seguramente este fue el motivo de que la Armada prohibiera embarcar personas con familiaridad directa, en la misma unidad. Si en Vivero y en sus alrededores se vivió con amargura aquel episodio, no digamos lo que sucedió en Ferrol, donde se habían armado ambos barcos. Probablemente recordara aquel Cádiz de finales de 1805, cuando tras el desastre de Trafalgar, no había un solo hogar donde no se llorara la pérdida de un ser querido. En Ferrol, con toda seguridad, se recordaría aquellas postrimerías del combate naval del 21 de octubre de 1805, cuando en la Iglesia Mayor del Departamento se organizó un solemne funeral, con cenotafio de tres cuerpos y la asistencia de todo el clero castrense departamental, junto a los franciscanos locales y los de la Orden Tercera de Montefaro. Aunque por el momento no tenemos datos de ello, seguramente se organizó otro solemne funeral, y no solo en la parroquia castrense sino en otras muchas, tanto de la localidad como de lugares vecinos, donde pertenecerían las víctimas, sin olvidarnos de los monasterios cercanos.

Parece ser que a finales del siglo XIX, se extrajeron monedas de plata del bergantín Palomo que este llevaba para pagar a la dotación. A mediados de los años 70 se encuentran restos de la fragata Magdalena. Muchos de estos restos van a ser trasladados al nuevo Museo Naval de Ferrol y algunas piezas de artillería quedan repartidas por diversos lugares. Se habla de que desgraciadamente ha habido saqueos. El pecio de la fragata Magdalena se encuentra solo a 7 metros de profundidad, en una zona resguardada. Llama la atención que la madera se conserva muy bien, es todo maciza y en algunas zonas del costado llega a tener un metro de grosor. En cuanto al bergantín Palomo, parece ser que está también en buen estado.

En las inmediaciones de la playa de Covas quedaron enterradas un gran número de víctimas. En 1934 se erigió un monumento en el primer Castelo de la parte occidental de la playa. En él hay un cañón y un ancla, pertenecientes a uno de los buques de la escuadra. Una placa conmemorativa, dice:

A los 550 náufragos del bergantín “Palomo” y de la fragata “Magdalena”, sucumbidos en esta playa el 2 de Noviembre de 1810

Pronto había comenzado a circular romances en recuerdo de estos dos buques de la Armada española y de sus tripulantes, como aquellos que dicen:

Di, fragata Magdalena.

¿Qué mal viento te dio el mar?

Todos los vientos son buenos.

Si Dios no da tempestad.

Dime, bergantín Palomo.

¿Dónde fue tu perdición?

En la ría de Vivero.

Al toque de oración.

Yo me atrevo, humildemente, añadir el mío propio.

En la ría de Vivero.

La fragata Magdalena y el bergantín Palomo.

Una noche se perdieron.

Multitud de marinos, perecieron.

A Dios; sus almas encomendemos.

Por su valor, entrega y sacrificio, lo merecieron.

BIBLIOGRAFÍA

FERNÁNDEZ DURO, C. Naufragios de la Armada española. Establecimiento topográfico de Estrada, Díaz y López. Madrid, 1867. Google Books

ROCA NÚÑEZ, J.B. Los otros de Trafalgar. Médicos y cirujanos, Boticarios, Sangradores, Enfermeros, Socorristas, Victimas y Hospitales. Publicaciones del Sur Editores. Sevilla, 2011

“Blas de Salcedo”. Ayuntamiento de Fuente Novilla, fuentenovilla.es

“El naufragio de la fragata Magdalena y el bergantín Palomo”, www.1808-1814 org/artículos

“Fragata Magdalena. La peor tragedia de Galicia”, adarqua. blogspot.com/ 2014

“Fragata Magdalena, Santa María 1773”. Historia Naval de España y Países de habla española. Blog todoavante.es, 10 de marzo de 2012

“La fragata Magdalena”, vivenciadeunmarinero.blogspot.com

“Santa María Magdalena (1773)”.  Wikipedia. org/wiki/Santa María Magdalena

“Vivero”. Wikipedia.org/wiki/vivero


NAUFRAGIO

Escrito por humanidadesymedicina 02-03-2014 en Crucero. Comentarios (0)

NAUFRAGIO

 El próximo día 10 de marzo se cumplen 119 años de la desaparición del crucero Reina Regente cuando realizaba una travesía de Tánger a Cádiz.

El Reina Regente era un crucero de primera clase con casco de hierro y blindado. Fue construido en los astilleros James & George Thompson & C₀ de Clydebank, en Glasgow. Se le instaló una maquinaria potente capaz de alcanzar una velocidad de 20 nudos y con gran autonomía. El costo fue de 243.000 libras esterlinas, próximo a los 6 millones de pesetas de aquella época. La dotación española se hizo cargo del buque en el mismo Glasgow. Las características eran:

Desplazamiento: 4770 toneladas.

Eslora: 97,30 m.

Manga: 15,43 m.

Puntal: 8,92 m.

Calado: 5,95 m.

Dotación para 420 hombres.

Cuatro máquinas horizontales Thompson con una potencia máxima de 11.598 caballos de vapor y dos hélices de 5,63 mm de diámetro.  Autonomía para 12.000 millas y una capacidad de carga de 1285 toneladas de carbón. El casco llevaba una protección de planchas de acero de 3,5 pulgadas de espesor en la zona alta y 3 pulgadas en la zona inclinada mientras que las máquinas, calderas y pañoles estaban blindados con acero de 3 a 3,5 pulgadas de espesor. El casco quedaba dividido en 156 compartimientos estancos. En cuanto al armamento diremos:

4 cañones González Hontoria de 240 mm., colocados 2 a proa y 2 a popa.

6 cañones González Hontoria de 120 mm.

6 cañones Nordenfelt de 57 mm.

1 cañón Nordenfelt de 42 mm.

4 cañones Hotchkiss de 37 mm.

5 ametralladoras.

5 tubos lanzatorpedos con 20 torpedos del tipo Whithehead almacenados a bordo.

Es botado el 24 de febrero de 1887 y se completa el alistamiento el 1 de enero de 1888. 

A finales del mes de febrero de 1895; nuestro buque se encuentra en el Arsenal de la Carraca, en San Fernando, con algunos problemas en sus máquinas y calderas, estudiándose la posibilidad de viajar a Cartagena con el objeto de realizar una reparación, probablemente de cierta especialidad. Encontrándose en estas circunstancias, llega marzo y su comandante recibe la orden de trasladar a Marruecos una embajada del sultán de este país, Muley Abdelaziz, la cual regresaba de Madrid donde se había mantenido conversaciones relacionadas con la revisión del Tratado de Marrakech, firmado el 5 de marzo de 1894 que ponía fin a la contienda con los rifeños en 1893. En este tratado, Marruecos además de castigar a la kábilas rifeñas, se comprometía a pagar a España una indemnización de 20 millones de pesetas, haciéndose además responsable de garantizar la paz; manteniendo un efectivo militar competente, vigilando los movimientos de los rebeldes rifeños y evitando nuevos levantamientos. Este tratado precisó de revisiones periódicas por la conflictividad del territorio. La comitiva marroquí presidida por Hajd- Abd-el-Kerin Brisha, llega a Cádiz el día 8 de marzo; y como el Reina Regente es el único buque de alto tonelaje disponible que puede garantizar un desplazamiento adecuado; el capitán general del departamento ordena al comandante del crucero, capitán de navío Francisco Sanz de Andino, de forma verbal, al parecer, partir rumbo a Tánger con los miembros de la comitiva marroquí como pasajeros. Después de haber embarcado 546 toneladas de carbón y 311 toneladas de agua dulce para poder generar vapor; el sábado día 9 de marzo el crucero parte de Cádiz con rumbo a Tánger y después de siete horas de viaje fondea en la rada de esta ciudad costera marroquí, hacía el anochecer. Se encuentra lejos del muelle y con poca visibilidad por lo que se espera al siguiente día para desembarcar la delegación marroquí. En la mañana del día 10 acude la embarcación del práctico del puerto y creyéndose de que existe riesgo para efectuarse el desembarco, no siendo aconsejable cambiar el lugar del fondeadero por la dificultad en el manejo de las anclas, los diplomáticos pasan a un bote que les llevarán al vapor remolcador. Desde las primeras horas de la mañana se ha levantado un viento del S.O. que va aumentando su intensidad. El barómetro ha experimentado un notable descenso de la presión atmosférica. El cónsul de España en Tánger se ha puesto en comunicación con Sanz de Andino, manifestando que ha hecho las oportunas diligencias para que el navío pueda quedar resguardado en puerto. Son las 10 y 30 horas de la mañana, el puerto de Tánger está cerrado, el crucero leva anclas, dobla el “Muelle Viejo” y pone proa al N.O., con rumbo a Cádiz. Se sabe que al encontrarse a unas tres millas de la costa paró las máquinas. Esta detención fue vista por dos personas quienes han facilitado los detalles. El ministro plenipotenciario de España en Tangar, desde la Alcazaba y el primer dragomán de la Embajada francesa; Mr. Malparty quien desde los altos de su casa de Marshan observa mediante un catalejo como el crucero se detiene y parte de su dotación se dirige a la toldilla, descolgándose por la aleta de babor algo parecido a un buzo. A la media hora, el buque se pone en movimiento con rumbo norte. Eran las 12 y 15 horas y el diplomático francés comprueba en un barómetro una presión de 720 mm. Poco tiempo después parece ser que fue visto por los vapores británicos Mayfield y Matheus. El capitán del primero de ellos al arribar al puerto de Barcelona, días después, se dirigió a la Comandancia de Marina para notificar que vio un buque de guerra que a pesar de no notar que tuviera avería alguna daba grandes balanceos. Al mostrársele una fotografía del Reina Regente, verificó que era parecido y lo situó a unas 12 millas de Cabo Espartel y navegando hacía Cádiz. Por su parte; el capitán del Matheus, navegando rumbo al Estrecho y con destino a Génova, comentó que sobre las 12 y 30 horas sufrieron un fortísimo chubasco de viento y agua. Pasaron a una milla y media de un buque de guerra sin ser capaces de reconocer su nacionalidad por la poca visibilidad existente pero podía ser el Reina Regente. El capitán de fragata Miguel Aguirre por orden del mando superior, recoge la información de unos campesinos del poblado de Bolonia en Tarifa quienes manifestaron que a eso de las 3 de la tarde pudo verse desde esa localidad un barco de guerra atravesado en la mar y luchando a duras penas contra el temporal. Según la lista de desaparecidos, la dotación estaba compuesta de la siguiente manera:

Comandante: Capitán de Navío: Francisco Sanz de Andino y Martí

2º Comandante: Capitán de Fragata: Francisco Pérez y Cuadrado

Tenientes de Navío: 4

Alféreces de Navío: 4

Contador de Navío

 Segundo  Capellán

Maquinista Mayor de 1ª

Maquinista Mayor de 2ª

Guardiamarinas: 5

Primer contramaestre: 1

Segundos contramaestres: 3

Terceros contramaestres: 3

Primer condestable: 1

Segundos condestables: 5

Terceros condestables: 2

Primeros maquinistas: 3

Segundos maquinistas: 5

Terceros maquinistas: 8

Aprendices de maquinistas: 9

Primer escribiente: 1

Segundo escribiente: 1

Obreros torpedistas: 2

Primer carpintero

Carpintero calafate

Herrero

Armero

Buzo

Artilleros de primera: 18

Artilleros de segunda: 9

Cabos de mar de primera: 11

Cabos de mar de segunda: 13

Marineros de primera: 49

Marineros de segunda: 79

Marineros de segunda con oficio:

Marineros carpinteros: 2

Marinero despensero: 1

Cocinero de equipaje: 1

Marinero corneta: 1

Criados particulares: 3

Marineros fogogoneros de primera: 41

Marineros fogoneros de segunda: 18

Infantería de marina:

Teniente: 1

Sargentos segundos: 2

Cabos primeros: 4

Cabos segundos: 3

Cornetas: 2

Soldados: 33

Aprendices de la Escuela de Artillería de mar: 49

Sanidad:

Primer médico: 1

Segundo médico: 1

Primer practicante: 1

Tercer practicante: 1

En total suman: 412 hombres.

Dada la finalidad de este blog de tratar de la presencia de la sanidad en todo tipo de catástrofes; vamos a ocuparnos de los dos médicos y los dos practicantes que formaban parte de la dotación de dicho buque.

Primer Médico, equivalente a capitán. José María Robles y Villar

Natural de Madrid; se forma como médico en la Facultad de Medicina de esta capital e ingresa en la Armada en 1881. Pasa por los hospitales de Cartagena y de San Carlos en San Fernando, servicios médicos de la Corte en Madrid, Comandancia de Marina de Cádiz, Regimiento de Infantería de Marina de Cartagena, distintas unidades navales  y Apostadero de Filipinas. Participa, embarcado en el crucero Conde del Venadito, en la primera Guerra del Rif, llamada también “Guerra Chica”o “Guerra de Margallo”. El 14 de agosto de 1894; embarca en el crucero Reina Regente. Es autor de dos memorias clínicas; sobre la transfusión de sangre y acerca de la influencia del alcohol sobre el organismo humano. Se encontraba en posesión de la Cruz del Mérito Naval de 1ª clase y de la Cruz de Carlos III. Muere a los 34 años

Segundo Médico, equivalente a teniente. Tadeo Lapesa y Collado

Natural de Salvacañete, en la provincia de Cuenca; se forma como médico en la Facultad de Medicina de Valencia. Ingresa en la Armada en 1889. Pasa por los hospitales de Ferrol y Cartagena. Apostadero de Filipinas. Estuvo embarcado en varias goletas y cañoneros, y en el crucero Alfonso XII. El 15 de agosto de 1894; embarca en el crucero Reina Regente. Muere con 31 años

Primer Practicante, equivalente a Primer Contramaestre. Luis Serrano y Álvarez

Natural de San Fernando en Cádiz; nace en la calle Santa Ana, conocida como Comedias Viejas, en el número 9. Se forma como practicante en el Hospital de San Carlos del Departamento Marítimo de Cádiz, y en este departamento efectúa el examen de ingreso en el Cuerpo de Practicantes de la Armada. Ingresa en el año 1858, pasando por numerosas unidades navales, Hospital de Manzanillo en Cuba y enfermería de esta localidad en otra ocasión, enfermería del Arsenal de la Carraca en San Fernando y Hospital de San Carlos en este departamento. Participa; en el combate del Callao a bordo de la fragata Numancia, en la primera guerra de Cuba o Guerra de los diez años que comienza con los disturbios de Manzanillo, y en el asedio de los cantoneros gaditanos al Arsenal de la Carraca. Fue náufrago del cañonero Paz frente a las costas de Conil de la Frontera. No se sabe la fecha de embarco en el crucero Reina Regente. Estaba en posesión de la Cruz de Plata del Mérito Naval con distintivo rojo, Cruz Roja sencilla del Mérito Militar, y Medalla de la Guerra Civil de 1873 y 74 con pasador de la Carraca. Obtuvo el título de Subayudante de 3º clase de la Brigada Sanitaria. Muere con 56 años

Tercer Practicante, equivalente a Tercer Contramaestre. Eduardo Catalá y Plat

Nace en Játiva, provincia de Valencia. Aunque la documentación existente es escasa, probablemente se formó como practicante en el Hospital Militar de Cartagena y en este departamento realizaría el examen de ingreso en la Armada. En 1882 es practicante supernumerario. En 1886 es tercer practicante excedente por reforma del cuerpo, pasando a tercer practicante de número en 1891. Su vida profesional transcurre entre Fernando Póo y el Hospital de Cartagena, donde se encuentra destinado en el año 1893. No sabemos la fecha de embarco en el crucero Reina Regente pero debió ser próxima a este último año. Muere a la edad de 36 años.

El naufragio del crucero Reina Regente causó una gran consternación en el país. Desde el Congreso se pidió responsabilidades y la Armada nombró una comisión investigadora del accidente. La prensa de la época se hizo eco de la noticia y gran parte de España lloró su perdida. Hoy; después de muchos años de aquella desgracia, todavía se recuerda y existen debates acerca de los motivos de la tragedia y en qué lugar del fondo marino yace nuestro célebre crucero.

Yo le pediría al amable lector de estas líneas que en el despertar del próximo día 10 tenga un recuerdo seguido de una oración para los náufragos del crucero Reina Regente que tan trágicamente perdieron la vida aquel día 10 de marzo de 1895.

DESCANSEN EN PAZ

Bibliografia

ARAGÓN FONTENLA, M. “Historias de la Mar”: “¿Dónde se encuentra el Reina Regente?” Revista General de Marina. Marzo de 2001, pp. 247-262.

BLANCA CARLIER, J Mª “El naufragio del Reina Regente y otros naufragios ocurridosen 1895”;  www. Islabahia.com, 13/10/2008

GIL HONDUBILLA, J. El crucero Reina Regente y su hundimiento el 9 de marzo de 1895. Colección Barlovento. Madrid, 2004

MOLLÁ AYUSO L. “Historias de la Mar. 100 años del Reina Regente”. Revista General de Marina. Marzo, 1995, pp. 329-340.

ROCA NÚÑEZ, J. B. La Sanidad de la Armada en la segunda mitad del siglo XIX. Pendiente de editar

ARCHIVO GENERAL DE MARINA ÁLVARO DE BAZÁN

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