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Historia de la Medicina. La Sanidad de la Armada española en la segunda mitad del siglo XIX

Escrito por humanidadesymedicina 23-10-2015 en Sanidad. Comentarios (0)

Presentación. Viernes 13 de noviembre de 2015. Ateneo de Cádiz. 19 y 30 horas



  INDICE

 

  Prólogo

Introducción

Primera Parte

I. Organización de la Sanidad de la Armada en la segunda mitad del siglo XIX. Médicos. Farmacéuticos. Practicantes. Hospitales

II. Asistencia médica de la Armada en la Península y Baleares

III. Asistencia médica de la Armada en ultramar. Cuba. Puerto Rico. América del Sur. Filipinas. Carolinas. Guinea. Rio de Oro. Buques hospitales.

IV. Función médico-pericial del Cuerpo de Sanidad de la Armada

V. Función docente. Memorias clínicas. Boletín de Medicina Naval. Bibliotecas. Revistas médicas

VI. Hacia una medicina preventiva. Higiene naval

VII. Función de los médicos y practicantes en buques, arsenales, cuarteles, otras dependencias de tierra y hospitales

VIII. Otro personal destinado en los hospitales de marina. Farmacéuticos. Practicantes de farmacia. Enfermeros. Administrador. Capellán. Hijas de la Caridad. Personal auxiliar

Segunda Parte

IX. La Sanidad Naval en las epidemias y enfermedades de la época. Fiebre amarilla. Cólera. Malaria

X. La Sanidad de la Armada en los conflictos bélicos de la época. América. Las Carolinas. Filipinas. África

XI. Guerras en la Península. Guerras carlistas. Revoluciones cantonales

XII. Combate naval de Cavite. Relato del Primer Médico Juan Redondo. Acción heroica del Segundo Médico Manuel Ballesteros. La Sanidad Militar del Ejército en hospitales y enfermerías del archipiélago filipino. La hazaña de los últimos de Filipinas

XIII. Combate naval de Santiago de Cuba. Actuación de la Sanidad Naval. Relato del Primer Médico Alejandro Lallemand. Muerte del Segundo Médico Julio César Díaz. Penalidades que sufrieron nuestros combatientes y su regreso a España. María Inmaculada, repatriada de excepción

XIV. Naufragios. La misteriosa desaparición del crucero Reina Regente

XV. Personal de Sanidad de la Armada embarcado en el crucero Reina Regente. Primer Médico José María Robles y Villar. Segundo Médico Tadeo Lapesa y Collado. Primer Practicante Luis Serrano y Álvarez. Tercer Practicante Eduardo Catalá y Plat

  Epílogo

  Anexo I

  Anexo II

  Anexo III

  Anexo IV

  Anexo V

  Anexo VI

  Anexo VII

  Comentarios y reseñas bibliográficas

  Bibliografía


La Sanidad de la Armada española en la segunda mitad del siglo XIX

Escrito por humanidadesymedicina 25-09-2015 en Sanidad. Comentarios (0)

Próxima presentación


Introducción

Sin navegación no habría geografía, sin geografía no habría historia 

  Luciano

En una España, en donde tras de la independencia de muchas de las colonias del continente americano, se había agravado la ya precaria situación económica existente; a la muerte de Fernando VII, su heredera Isabel II solo contaba con tres años de edad, por lo que fue nombrada regente su madre María Cristina, hasta la mayoría de edad de Isabel. Ello motivó la aparición de las guerras carlistas, al reclamar el trono; Carlos María Isidro, hermano del monarca fallecido. Se suceden los acontecimientos. Levantamiento de Juan Bautista Topete, al mando de la escuadra, secundado por los generales Prim y Serrano; durante 1868. Se busca un nuevo rey para ocupar el trono de España y la elección cae en el duque de Aosta, italiano, quien toma el nombre de Amadeo I de Saboya, llegando a España en diciembre de 1870, abdicando al poco tiempo para retirarse a su país. Como consecuencia de ello; ha aparecido una nueva guerra carlista, hay continuos conflictos en el ejército e insurrecciones campesinas en Andalucía. Con la instauración de la República, en 1873; aparece el republicanismo federal que llevará a nuevos conflictos. Más tarde; Alfonso XII sube al trono de España. A finales de siglo se separan de nuestro país: Cuba, Puerto Rico y Filipinas.

Ni que decir tiene que esta época de inestabilidad política afectará a todas las instituciones del Estado, entre ellas la Armada y su Cuerpo de Sanidad. No obstante; se realizará un gran esfuerzo para adaptarse a las circunstancias. Se regula el ingreso en el cuerpo, se determina escalafones y ascensos, destinos, y lo más importante: se perfila la función de la sanidad como unidad de apoyo logístico a la fuerza naval. Se contemplará una función asistencial, médico-pericial, e higiénico-sanitaria, requiriendo para el cumplimiento de estas misiones; una adecuada preparación científica, determinada por el establecimiento de un sistema docente. Se potenciará los hospitales departamentales y de ultramar, así como las enfermerías de los arsenales y estaciones navales. Se determinará tribunales médicos para reconocimiento del personal integrante de la fuerza naval. Se leen memorias clínicas, se publica el Boletín de Medicina Naval y revistas médicas. Se crean bibliotecas. Se determinará normas higiénicas para buques y dependencias, acorde a los movimientos de la época. En los hospitales aumentan el número de clínicas a la vez que aumentan los medios diagnósticos y terapéuticos. La sanidad naval estará presente en las epidemias, guerras y naufragios de la época. Fiebre amarilla, cólera, paludismo y otras enfermedades, piratería, insurrecciones, guerras en Ultramar, África y Península; ocupan la atención de la sanidad naval. Finalmente: los naufragios desgraciados, en una época que han aparecido los primeros buques a vapor, y entre ellos; la trágica desaparición del crucero Reina Regente ocupará un lugar destacado por la magnitud de aquella desgracia y por el misterio en que se ve envuelto desde el primer momento.

En la narración de los acontecimientos no se ha seguido un orden cronológico por haberse preferido seguir un orden casuístico, comenzando por las enfermedades, seguido de las guerras y naufragios. En cuanto a los conflictos armados se ha seguido un orden geográfico, comenzando por los episodios de ultramar seguidos del continente africano y de la península, para dejar al final; los combates navales de Cavite y Santiago de Cuba. Se ha procurado hacer una narración bélica lo más escueta y clara posible, tratando de ofrecer una completa visión de los problemas médicos, quirúrgicos, y de toda índole, en que se vieron envueltos nuestros médicos, farmacéuticos y practicantes. Se ha utilizado documentación del Archivo General de Marina Álvaro de Bazán, así como de otros archivos militares: Archivo Naval de San Fernando y Archivo del Hospital General Básico de la Defensa San Carlos. Archivo de la Iglesia Mayor Parroquial de San Pedro y San Pablo, en San Fernando. Se ha consultado un gran número de bibliografía.

Autores:

Juan Bernardo Roca Núñez

Francisco Javier Roca Fernández

María Garví López

Juan José Roca Fernández

La Sanidad de la Armada española en la segunda mitad del siglo XIX

Escrito por humanidadesymedicina 18-09-2015 en Sanidad. Comentarios (0)

Prólogo al libro de próxima presentación

Podríamos decir que la Sanidad Naval se encuentra íntimamente ligada a la historia marítima y con ella ha evolucionado a través de los tiempos. Sabemos que los primeros buques se desplazaban por el sistema de propulsión a remos, a expensas del esfuerzo humano, y sus cortas o largas travesías eran efectuadas paralelas a las costas. Aunque la lógica nos dice que la vida, siempre dura, del marino, necesitaría en ocasiones de cuidados médicos y quirúrgicos; no hay constancia alguna de que en las antiguas civilizaciones de los fenicios comerciantes y de los cartagineses guerreros, dispusieran de personal sanitario embarcado. En cambio, los griegos contaban con médicos en sus flotas. Los romanos; al mismo tiempo que crean enfermerías en tierra para sus legiones, van a disponer de buques hospitales para su marina. En el resto de la flota, en cada barco irá un médico quien atenderá a la oficialidad, marineros, soldados y esclavos remeros. Tratará las dolencias, heridas y traumatismos, o sea que será médico y cirujano. También conocemos que hubo una preocupación por la higiene naval y la higiene personal con la implantación de ciertas normas: lavarse dos veces al día, utilizar vestidos de lana para protegerse de la humedad, control del alcohol, etc. También los médicos romanos buscarán remedios para combatir el mareo de la navegación. Llegamos a la Edad Media y nos encontramos con que continúa el sistema de los remos, siendo la galera la embarcación por excelencia. Sobre su cubierta van a desarrollarse combates semejantes a los de tierra y por ello necesita de personal sanitario y de una enfermería donde atender a los numerosos heridos. Además, necesita una nutrida dotación de la que gran parte son remeros. Estos por su condición de esclavos, presos o prisioneros, reúnen unas características muy peculiares, las que repercutirán en la asistencia médica y quirúrgica que tienen que llevar a cabo el personal de sanidad embarcado. En nuestro país; hay noticias de la presencia de médicos y cirujanos en los buques de guerra, desde tiempos muy lejanos. Sabemos que en la marina de Castilla, en tiempos de Alfonso X, en sus Partidas, como en la marina de Aragón, en tiempos de Jaime I, en el libro del Consulado de Mar; figuran los médicos y cirujanos embarcados. En el año 1354; en Aragón, en el reinado de Pedro IV, aparecen las ordenanzas navales del Almirante Bernardo de Cabrera. En ella; una orden que hace referencia al embarque de un médico y un cirujano por galera. Más tarde, contemplaremos una verdadera organización sanitaria con la presencia de un cirujano y de un barbero por buque, existiendo un médico y un boticario para atender a una flota. Con el tiempo aparecerán las figuras del protomédico, cirujano mayor y boticario; integrados en una plana mayor. Le siguen, el personal de sanidad embarcado, constituido por un cirujano romancista, barbero-cirujano y barbero, aunque en la mayoría de los casos solo iba uno de ellos para ejercer la cirugía y el resto de las funciones. Curiosamente; la Marina no tiene hospitales propios y muchos enfermos procedentes de las naos, serán atendidos en hospitales benéficos, principalmente de la Orden de San Juan de Dios. En alguna ocasión, la Marina autorizó la construcción de un hospital pero sin personal sanitario naval.

Llegamos a la época de navegación a vela y aparecen nuevos tipos de embarcaciones. El galeón requiere una tripulación numerosa para manejo de velas y jarcias, además de artilleros para sus cañones. Las largas navegaciones transoceánicas requieren transportar gran cantidad de agua y alimentos en las mejores condiciones posibles. Además aparecerán nuevas enfermedades. Durante el siglo XVII se introducen mejoras sanitarias, pero  es en el siglo XVIII cuando se produce un verdadero vuelco en la Armada, del que también participa la Sanidad Naval. Junto a la aparición del navío de línea, el cual va a modificar el combate naval, en nuestro país se crean arsenales, se establece la Matricula de Mar, y se reorganiza en 1728; el Cuerpo de Sanidad de la Armada. En 1748 se crea el Colegio de Cirugía de la Armada, en la ciudad de Cádiz. En 1791; las profesiones de medicina y cirugía se unen en una sola que se denominará: médico-cirujano, pasando la carrera de tres años de duración a seis años. Las Ordenanzas de la Armada determinarán cuales serán las funciones del médico-cirujano y la del sangrador. Se han ido creando hospitales de Marina adecuados, en: Cádiz, Cartagena y Ferrol. Hay personal del Cuerpo de médico-cirujanos destinado en ellos y aparecerá la figura del boticario con sus ayudantes, en los hospitales.

Después de Trafalgar y de la Guerra de la Independencia, entraremos en una decadencia, la cual afectará a la Armada y a su sanidad. No obstante, antes de llegar a mediados del siglo XIX, va a comenzar una reorganización de la Sanidad Naval, la cual se hará de forma progresiva. Ha desaparecido el Colegio de Cirugía de la Armada. El Licenciado en Medicina y Cirugía -así se llama la nueva profesión- ha estudiado la carrera en una universidad del país y se presenta a un concurso-oposición para obtener una plaza de médico de la Armada. El sangrador desaparece para dar paso al practicante de cirugía, el cual estudiará la carrera en un hospital. La mayoría de los practicantes de la Armada se han formado en un hospital de Marina, el cual ha heredado, en parte, aquella función docente del Colegio de Cirujanos. Los boticarios pasarán a llamarse farmacéuticos y estos, igual que los médicos, se han formado en la Universidad. No obstante, la organización del Cuerpo de Farmacia y su reconocimiento como cuerpo integrado en el de Sanidad de Armada, no se hará hasta finales del siglo XIX. Los hospitales se han reconstruidos y aparecen las especialidades, a la vez de que se dispone de nuevos medios de diagnostico. Van apareciendo los barcos a vapor, sustituyendo a los de vela. Ello lleva a la aparición de nuevas patologías y nuevos problemas de habitabilidad.

El médico, farmacéutico y practicante de la Armada de la segunda mitad del siglo XIX, objeto de esta investigación, es una persona que en su momento eligió pertenecer a una institución militar por motivos diversos, los cuales nos resulta imposible de conocer. No obstante, podemos sospechar que tuvieron la intención de prestar sus auxilios a un personal que vivía en constante riesgo. Cuando el facultativo descubre la Armada, se da cuenta de qué forma parte de un cuerpo organizado y jerarquizado, carece de formación militar previa y precisa ir adaptándose al reglamento. Sin embargo, ello no representará obstáculo alguno para cumplir con su función asistencial, la cual va a requerir una formación profesional continuada que encontrará principalmente en los hospitales de Marina. También; realizará reconocimiento y selección del personal y tendrá que preocuparse por la higiene en buques y dependencias. Todo ello, iremos descubriéndolo a lo largo de esta obra.

Unos perdieron la vida en el cumplimiento del deber, mientras otros nos dejaron importantes obras científicas. Pero, todos dejaron testimonios de su labor, por lo que merecen ser recordados. 

  Autores:

Juan Bernardo Roca Núñez

Francisco Javier Roca Fernández

María Garví López

Juan José Roca Fernández


Manuel Álvarez. Cirujano de la Armada y del Ejército

Escrito por humanidadesymedicina 09-02-2015 en armada. Comentarios (0)

Manuel Álvarez González. Cirujano de la Armada y del Ejército

Si bien; los médicos y cirujanos que habían cursado sus estudios en el Real Colegio de Cirugía de la Armada, en la ciudad de Cádiz, una vez finalizada la carrera y habiendo acreditado su preparación mediante examen final, podrían ser nombrado segundos cirujanos de la Armada, o en su defecto: segundo cirujano provisional; no siempre se daba esta circunstancia y el facultativo podría optar por ejercer la profesión en la vida civil o ingresar en el Ejército. No obstante, el caso de Manuel Álvarez es diferente. Se trata de un cirujano que sale del Colegio de Cirugía de la Armada y es nombrado segundo cirujano; como tal es destinado a un buque de la Armada. Después de algo más de dos años lo encontramos en el Ejército, valiendo al parecer el tiempo de servicio en la Marina. Si bien; durante la Guerra de la Independencia se dio esta circunstancia, no es este el caso, pues este hecho ocurre bastantes años antes. Vamos a tratar de recomponer la trayectoria profesional de este curioso cirujano.

1777: Colegial en el Colegio de Cirugía de la Armada.

1782: Segundo Cirujano de la Armada

1785: Cirujano del Regimiento de Infantería Granada

1789: Cirujano del 3º Batallón del Regimiento de Infantería Burgos

1793: Continua en el mismo destino

Manuel Álvarez, nació en Écija. Hijo de Manuel Álvarez y de María González, vecinos de esta localidad sevillana. Permaneció cursando sus estudios en el Real Colegio de Cirujanos de la Armada, durante un periodo de 4 años, 3 meses y 21 días. Hemos de tener en cuenta que con anterioridad a 1791, las carreras de medicina y cirugía estaban separadas en la Armada. Cuando se unen, la duración es de 6 años en vez de tres. Por lo tanto; nos llama la atención esta duración de algo más de tres años. La cuestión es que el conocidísimo Cirujano Mayor de la Armada Francisco Canivel, a la sazón Director del Colegio, le entrega el título de Bachiller en Filosofía, el día 17 de noviembre de 1780. Debió continuar en el Colegio hasta el 9 de abril del 81, en que como segundo cirujano de la Armada embarca en la fragata Santa Rufina. Esta embarcación, construida en Cartagena y botada en 1777; en el mes de abril de 1781 formaba parte de una división, junto al navío San Miguel, fragata Asunción, urca Bizarra y balandra Grulla. En la segunda mitad del 81 participa en las operaciones navales de recuperación de Menorca y su puerto de Mahón, en poder de los ingleses. Forma parte de la escuadra del brigadier Buenaventura Moreno y está al mando del capitán de fragata Pedro de Cañaveral y Ponce. Manuel Álvarez permanece embarcado en este buque hasta el 18 de diciembre de 1782. Tenemos referencia de sus servicios prestados, de los que se dice: En cuyo barco desempeñó las funciones de su cargo con el máximo celo, actividad, y acierto, atendiendo con esmero a los heridos y enfermos, tanto en el sitio y toma de Mahón, como en las diferentes comisiones que se encargaron a la expresada fragata: Se halló en el bloqueo y sitio de Gibraltar, donde por su honradez, aplicación y singular actividad, fue destinado a uno de los Hospitales de Marina, en el que tuvo excesivo trabajo por los muchos heridos en las Baterías flotantes, a los que examinaba y curaba con la mayor caridad, agilidad, prontitud y acierto, y en ello acreditó un loable amor al Vº Servicio hasta que habiendo enfermado gravemente tuvo que retirarse para ponerse en cura y últimamente permaneció en la campaña en Francia desde el mes de octubre del 94 hasta que se verificó la Paz.

El Regimiento de Infantería Granada, durante los siglos XVII y XVIII había participado en dos guerras frente a Portugal y en otras dos frente a Francia, así como en guerras contra Inglaterra. Había estado en el asedio a Gibraltar y en una defensa de Ceuta, en la reconquista y defensa de Orán, y en guerra en Italia. Pero en 1785, cuando Manuel Álvarez estuvo destinado en él, no tuvo, al parecer, acciones de campaña dignas de mencionar. Fue más tarde, en la campaña del Rosellón de 1793 a 1795, cuando el Regimiento tomaría el sobrenombre del Arrojado.

En 1789; nuestro cirujano había pasado destinado al 3º Batallón del Regimiento de Infantería Burgos. Dicho Regimiento que tomaría más tarde el apodo de El Sol, fue creado en 1694, en la ciudad de Burgos, y en sus comienzos fue conocido como Tercio Provincial Nuevo de Burgos. En 1704 es cuando toma la estructura de regimiento. Durante los siglos XVII y XVIII había participado en numerosas campañas: guerras con Francia, defensa de Ceuta, Guerra de Sucesión, campaña de Italia, guerra con Portugal, campaña de Argel, guerra con Inglaterra, participando en el sitio de Gibraltar. De 1793 a 1795, cuando Manuel Álvarez está destinado en él, participa en la Campaña del Rosellón. Después de ser ejecutado Luis XVI de Francia, el 21 de enero de 1793, España firma con Gran Bretaña, la Primera Coalición contra Francia. La República francesa declarará la guerra a España, el 7 de marzo de este año. El capitán general del Ejército de Cataluña es Antonio Ricardos Castrillo, el cual con la ayuda de una escuadra anglo-española y un ejército portugués, obtiene algunos triunfos, pero van a surgir dificultades logísticas y determinados percances, incluida la muerte del general Ricardos, por neumonía. El ejército francés, reorganizado, al mando del general Jacques François Dugommier, el cual había sido nombrado Jefe del Ejército de los Pirineos Orientales; logra arrojar a los españoles del Rosellón para penetrar posteriormente en Cataluña, las Vascongadas y Navarra, llegando hasta Miranda del Ebro. Manuel Godoy, firma por separado, con Francia: La Paz de Basilea, el 22 de julio de 1795. Francia se retira de los territorios ocupados. España cederá a Francia la parte española de la isla: La Española, reconocerá a la República francesa y se normalizarán las relaciones comerciales. Por este hecho, a  Manuel Godoy se le conocerá como: Príncipe de la Paz.

En fechas posteriores; no tenemos datos de la actividad de nuestro cirujano militar. Sabemos que en marzo de 1798, fecha en la que se firma su Hoja de Servicios, cuenta con 44 años de edad. En el año de 1805, el Regimiento de Infantería Burgos figura embarcado en la escuadra de Federico Gravina, participando en los combates de Finisterre y Trafalgar. No tenemos noticias de que Manuel Álvarez siguiera destinado en dicho Regimiento. Por otra parte; aunque aparece el nombre de Manuel Álvarez en una relación de cirujanos del Ejército destinados en el recién abierto Hospital de San Carlos, en la Isla de León, durante 1809, tampoco tenemos datos acreditativos de que este cirujano estuviera en dicho centro.

Sabemos que contrajo matrimonio en la localidad de Ayamonte, provincia de Huelva, con Josefa Crespo Romero. La boda se celebró en la Iglesia Nuestra Señora de las Angustias, de esta localidad, el día 10 de mayo de 1801. El matrimonio tuvo cuatro hijos: Josefa, Manuel, Antonio y José. El día 12 de septiembre de 1810 fallece Manuel Álvarez, en la misma ciudad de Ayamonte, siendo sepultado en su cementerio, en un nicho de la Cofradía del Santísimo Sacramento, de la que era hermano. Su viuda reclamará la pensión, figurando Manuel Álvarez como cirujano del Ejército, retirado.

BIBLIOGRAFÍA

ROCA NÚÑEZ, J.B. Los otros de Trafalgar. Médicos y cirujanos, Boticarios, Sangradores, Enfermeros, Socorristas, Victimas y Hospitales. Publicaciones del Sur Editores. Sevilla, 2011

ARCHIVO GENERAL MILITAR DE SEGOVIA. Sección 1ª. Legajo A-838

GRANADA 34 (Huelva). CUARTELES, amigosdelamili.com

HISTORIA NAVAL DE ESPAÑA Y PAISES DE HABLA ESPAÑOLA, todoavante.es

WIKIPEDIA, wikipedia.org


Capellanes de la Armada británica en Trafalgar

Escrito por humanidadesymedicina 28-12-2014 en armada. Comentarios (0)

Capellanes de la Armada británica en Trafalgar

Durante mucho tiempo existió la idea en Inglaterra de que los soldados y marineros no tenían Dios. Posiblemente era debido al carácter aventurero y poco ortodoxo con que se comportaban en la calle, junto a su frialdad ante la muerte. Todo cambia alrededor de 1600 cuando parece ser que las autoridades británicas se dan cuenta de la utilidad de la religión como mecanismo de control. Además servirá para inculcar la obediencia entre el personal militar. Por otra parte; el cristianismo sirve para integrar el Ejército y la sociedad civil. Pero esta última idea aparecerá más tarde, en el siglo XIX.

En la Marina Real, se elegía un capellán de una parroquia del país, conocido por el comandante del buque y los oficiales. Su predicación sería saludable para el marinero de buena voluntad. Intervenía en el mantenimiento de la moral y de la lealtad a los mandos. El capellán estaba algo  por encima del maestro, cirujano y otros cargos. Al principio tuvieron menos privilegios que sus compañeros del Ejército, y su sueldo solo en algunas ocasiones dependía de la Tesorería, pues en otras cobrarían de deducciones de los salarios de los marineros. En 1662 se crea el libro de Oración Común, donde hay oraciones especiales para los marinos. Cuando el Reverendo Henry Teorige es nombrado Capellán Asistencial de la Flota británica, establece una serie de deberes para el capellán, entre los que figuran: predicación razonable, sensibilidad con la suerte del marinero, poseer ciertas habilidades, como: tocar el violín y escribir versos. El Reverendo Teorige intervendrá en las oraciones para los marineros, en las que habrá una oración implorando la protección Divina en caso de temporal. Los capellanes deberán ayudar a los heridos, consolar a los moribundos y animar a seguir luchando. Estarán presente en la enfermería de combate, junto al cirujano, inculcando que la Misericordia de Dios está antes que la de los hombres. Ante el moribundo deberá escuchar el mensaje que este quiere enviar a sus seres queridos. Al principio los capellanes procedían de la Iglesia Anglicana, oficial en Inglaterra. Hubo un momento que la Iglesia Católica pidió el reconocimiento de los servicios prestados a los marineros católicos. De este modo; el Padre James Plunkett fue recompensado por la Royal Navy por la atención religiosa a infantes de marina en Chatham, en 1797. No obstante, surgió un conflicto cuando el Padre W. Flyn asistió a católicos condenados a muerte. Tenemos noticia que en 1858, en el Ejército británico, aparecen: quince capellanes católicos y quince presbiterianos, aunque la mayoría seguirán siendo anglicanos. En tiempos de Trafalgar muchos marineros eran enterrados en la mar. El cadáver era envuelto en un sudario y cubierto por la bandera británica. El capellán se encargaría de las oraciones fúnebres pero si este no existía, la función la asumiría el comandante del buque.

Según fuentes diversas fueron al combate de Trafalgar 13 capellanes. Siguiendo la relación de oficiales embarcados en la flota británica que participaron en el combate de Trafalgar, según el Coronel Robert Holden Mackenzie, nos encontramos:

Reverendo Alexander John Scott.

HMS Victory. Fue hijo del capitán de navío de la Royal Navy Robert Scott y de Jane Comyn. Nació en Rotherhite, hoy barrio residencial del suroeste de Londres. Se educó en la Cartuja, consiguiendo más tarde una beca para estudiar en la Universidad de St. John, en Cambridge. Después de ser ordenado sacerdote de la Iglesia anglicana de Inglaterra, en 1792, ingresa en la Royal Navy, un año después. Su primer destino va a ser el HMS Berwick que forma parte de la flota del Mediterráneo, al mando del Almirante Samuel Hood. Pronto alcanza prestigio ante el mando naval ya que en su educación había aprendido hablar con fluidez; francés, español e italiano. Precisamente conoce a Nelson en el Mediterráneo, cuando el célebre marino era comandante del Agamenón. Después de pasar por el St. George y el Britannia, participa en 1801 en la batalla de Copenhague, embarcado en el HMS London. Más tarde regresa a Inglaterra. En 1804 embarca en el buque insignia del Almirante Horatio Nelson: HMS Victory. Pronto al cargo de capellán le unirá el de secretario de relaciones exteriores. Se da la curiosa circunstancia de que el secretario personal del almirante se llamaba John Scott, muerto durante el combate. Años más tarde; el capellán Alexander Scott nos hablaría de sus experiencias del conflicto. Cuenta como la enfermería del Victory parecía el matadero de un carnicero. Habían bajado al teniente William Ram, un irlandés de solo 21 años de edad, el cual presentaba heridas múltiples producidas por el impacto de astillas desprendidas. El cirujano intenta explorarlo y cuando retira los apósitos, se desprenden las ligaduras que le habían hecho en el puesto de socorro, muriendo de este modo desangrado. Alexander Scott queda enormemente impresionado, se retira de la enfermería y sube la resbaladiza escala de toldilla, toda bañada de sangre y sobre ella se ha esparcido tierra para evitar accidentes. Apenas llega a su destino cuando se encuentra que el almirante Nelson, herido, es llevado a la enfermería de combate. En efecto; Nelson ha sido alcanzado por una bala de mosquete, disparada por un francotirador del buque francés Redoutable. Son las 13 y 25 horas; el comandante de la flota británica cae herido mortalmente, es sostenido por el sargento de infantería de marina James Secker y dos marineros. El comandante del Victory, capitán de navío Thomas Masterman Hardy; ordena que los marineros lo conduzcan a la enfermería. Enseguida acude el cirujano del navío, William Beatty, un escoses de 32 años de edad, quien procede a explorar al herido, apreciando que la bala ha penetrado por el hombro izquierdo y se encuentra alojada en la columna vertebral. En su trayectoria ha seccionado vasos importantes y hay una hemorragia interna. Rodeando a Nelson están: el capitán de navío Hardy, el oficial de intendencia Walter Burke, los cirujanos ayudantes Neil Smith y William Westerbuch. Junto a ellos, el capellán Alexander Scott. Burke y Scott, abanican a Nelson y más tarde el capellán frota el pecho del herido, con intención de aliviar sus molestias, hasta que se produce el fatal desenlace. En el cuadro de Arthur William Devis quien ha querido inmortalizar la escena, aparece Scott a la izquierda de Nelson, frotándole el pecho. El capellán Scott acompañará el cuerpo de Nelson hasta Inglaterra, al Hospital de Greenwich, asistiendo a los cortejos fúnebres y más tarde a la ceremonia en la Catedral de San Pablo. Después de Trafalgar, en 1807, cuando contaba con 35 años, contrajo matrimonio con la joven Mary Frances de 17 años. Vivieron en la Vicaria de Southminster. Tuvieron un hijo que murió poco después de nacer, y dos hijas: Horatia y Margaret. Su mujer, Mary, falleció en 1811. Scott fue capellán del príncipe regente en 1816 y vivió en Catterick. Falleció en Ecclesfield, Yorkshire, en 1840, a la edad de 72 años; siendo sepultado en el cementerio de la Iglesia de Santa María de Ecclesfield.  

Reverendo John Rudall.

HMS Royal Sovereign. Nació en 1754. Fue Vicario de Credition, en Devon, en 1793. Perteneció a la Royal Navy desde 1799 a 1806. Fue capellán del HMS Edgar en Copenhague, en 1801, embarcando en el Royal Sovereign en 1805. En 1806 dejó la Armada británica. Murió en la Vicaria de Credition en 1835, a la edad de 81 años. Se da la curiosa circunstancia de que un hijo suyo, llamado John, estuvo embarcado como guardiamarina, en el HMS Defiance, en el combate de Trafalgar.

Reverendo Lawrence Hynes Halloran.

HMS Britannia. Fue anteriormente director de la escuela de Alpington, cerca de Exeter. Ingresó en la Royal Navy en 1804, siendo destinado un año después al Britannia, en cuyo navío participa en el combate del 21 de octubre. Posteriormente fue rector de la escuela pública de Gramática, en Sídney, Nuevo Gales del Sur, Australia. Fue también capellán de las tropas británicas destacadas en el continente australiano. Se mantuvo en la Escuela hasta su muerte, en 1831, a la edad de 65 años.

Reverendo Joseph Sherer.

HMS Téméraire. No hay más datos

Reverendo Charles Burne.

HMS Neptune. Se graduó como Bachiller en el colegio Oriel de Oxford, en 1799. Ingresa como capellán en la Royal Navy en 1801. En el combate de Trafalgar estuvo embarcado en el navío Neptune. Posteriormente fue Rector de Santa María de Tedburn, en Davenport, de 1808 a 1852, año en que falleció. Se encontraba en posesión de la medalla al Servicio Naval General, 1793-1840, con pasador de Trafalgar.

Reverendo Thomas Hardwick.

HMS Dreadnought. Solo sabemos que obtuvo la medalla al Servicio Naval General con pasador de Trafalgar.

Reverendo John Greenly Wounded.

HMS Revenge. Ingresó en la Royal Navy en 1804 y un año después participa en el combate de Trafalgar a bordo del navío Revenge.Fué herido en el combate. Posteriormente fue Canónigo Menor de la Catedral de Salisbury, cura perpetuo de Santo Tomas y Rector de Sharneole. Murió en Salisbury en 1862. Estaba en posesión de la medalla al Servicio Naval General con pasador de Trafalgar.

Reverendo Robert Henry Barker.

HMS Defiance. No se ha encontrado más datos.

Reverendo John Cobb Whicher.

HMS Achilles. Ingresó en la Royal Navy en 1797. En el navío Achilles participa en el combate de Trafalgar. Después del combate vivió en el distrito de Chichester, al sur de Inglaterra, siendo Rector de las parroquias de Stopham, Pulboroug y Sussex, muriendo en esta última, en 1841. 

Reverendo George Outhwaite.

HMS Orion. No hay más información.

Reverendo Timothy Myers.

HMS Swiftsure. No hay más información.

Reverendo John Holmes.

HMS Thunderer. No hay más información.

Reverendo William Williams.

HMS África. No hay más información.

Como podemos apreciar, existe escasa información acerca de estos capellanes. Los navíos en los que no figuran capellanes, son: Prince, Tonnant, Belleisle, Spartiate, Mars, Minotaur, Conqueror, Colossus, Defence, Leviathan, Bellerophon, Ajax, Polyphemus y Agamennon. Igual ocurre con las fragatas: Euryalus, Phoebe, Naiad y Sirius. Tampoco la goleta Pickle y la pequeña embarcación guarda costa, Entrepenante.

El día 1 de junio de 1847 se aprobó conceder como recompensa “La Medalla al Servicio Naval General” que comprendía acciones navales entre 1793-1840; a todos aquellos que habían participado en ellas. Pero debían vivir en aquella fecha y solo podía ser otorgada la recompensa a un familiar si el fallecimiento se había producido después de haber sido reclamada por el solicitante. También era necesario hacer la reclamación. Este hecho explica porqué no todos los capellanes están en posesión de esta condecoración. La medalla es de plata. En el anverso, figura: la Reina Victoria, con la fecha de su concesión en la parte inferior. En el reverso: un jinete con casco romano, montado “a la amazona “y sosteniendo en su mano derecha una antorcha. En el pasador figura la acción, en este caso: Trafalgar 1805. De él pende una cinta de 32mm, de color blanco con bordes estrechos de color azul. El blanco es indicativo de la pureza, mientras que el azul se refiere a la acción naval.

Seguramente hubo capellanes fuera del marco del combate que atendieron a los heridos de la contienda. En el Hospital Naval de Gibraltar, hasta que llegó el Reverendo William Ernest Oliver Stevens, en 1899, no hubo capellanes. No obstante, la asistencia espiritual del centro estaba a cargo de los capellanes del Ejército. Estos atendieron con toda seguridad a las victimas inglesas. Los marineros llevados al hospital de la Roca y que fallecieron en él, fueron enterrados al norte de la muralla de Carlos V, en el lado opuesto al cementerio. Puede verse en el lugar; una placa conmemorativa. En el cementerio, llamado de Trafalgar, en la tumba nº 10 está enterrado el capitán de Infantería de Marina Thomas Norman, víctima del combate. Abajo una inscripción latina, cuya traducción es: Militó no sin gloria y murió digno de ser llorado.  Probablemente en ella tuvieron mucho que ver los capellanes militares del  Ejército británico. En cuanto a la asistencia espiritual de los náufragos  ingleses en las costas gaditanas, no tenemos constancia. Los heridos y moribundos franceses, aunque no había capellanes en los barcos de su escuadra, dado el carácter laico de la Francia de la Revolución, fueron atendidos por capellanes españoles y sacerdotes diocesanos, al ser católicos. Hemos de darnos cuenta como una España católica aliada de una Francia aconfesional se encuentra en lucha con una Inglaterra anglicana y protestante. No se trata de una guerra de religiones como antaño sino de una guerra de intereses políticos y coloniales.


BIBLIOGRAFÍA

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